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Noticia

Las hormigas de Sebasti√°n Pedrozo

Publicada el 07/04/2020

Las hormigas
Sebasti√°n Pedrozo

Sobre finales de enero entraron las hormigas en casa. Antes había pasado, claro. Pero no en esa cantidad. Esto era distinto.

A la caída del sol ingresaron con velocidad inaudita y se llevaron las migas del pan que yo había comido, mientras perseguía a mi hija menor para que comiese pan. Y así.

Las vi moverse en orden. No intervine. No hice nada. Las miré atento y tracé una posible ruta. La cocina. Claro. Había que hacer algo.

Entonces mi hija mayor grit√≥. Luego las se√Īal√≥ y pidi√≥ ayuda, horrorizada. Su hermana menor¬† rio y, en un divertido intento de defensa, comenz√≥ a saltar sobre ellas. Las alej√© a las dos.

No me gusta matar nada. Vivimos rodeados de montes de pinos y sal en el aire. Estamos cercados por la naturaleza. Estamos llenos de criaturas, de todos los tama√Īos y formas, que caminan y quieren comer. S√© que matamos apenas pisamos un jard√≠n ajeno.

-Las hormigas, las hormigas, miedo, asusta -murmuraba mi hija mayor, horrorizada.

Ok. Las barrí y junté en una pala. Afuera. Tranquilos todos.

Se fueron. No volvieron.

Hasta hace dos semanas.

Ahora entran y se llevan todo. Ocupan el espacio. No paran. Quieren comer. Tienen hambre. Nos arrinconan por la noche. Tenemos que ocuparnos de ellas. Es una invasi√≥n, un saqueo. Tienen mucha hambre. Nunca las hab√≠a visto as√≠. Yo las he observado durante a√Īos. Pens√© en la sequ√≠a que, sin prensa, nos aqueja. Quiz√°s sea eso.

Las hormigas no son idiotas, saben lo que hacen.

No me gustan los venenos químicos. Mi mujer los detesta. Están prohibidos en esta casa. Tuve que recurrir a ellos.

Coloqué spray bajo las rendijas de las puertas. No hubo caso. Entraron por arriba. Con más hambre. Más rápidas. Y parecían más grandes.

Hace una semana vivimos -como el resto- encerrados, ansiosos, haciendo planes a corto plazo. La palabra incertidumbre es un largo y brillante collar que todos llevamos puesto.

Esta no es una casa tomada. No cerraremos las ventanas ni habrá burletes que nos aíslen.

Las hormigas van a seguir entrando. Ya está. Reclaman lo que les pertenece. Nuestra casa está sobre un montículo de arena. Bajo nosotros hay termitas que esperan su momento. En el jardín no ha quedado una hoja sin devorar. No llueve lo suficiente. Cortamos los árboles. Hay dos enormes pozos negros en mi jardín. Las comadrejas miran desde las oscuras ramas. Nuestra gata se esconde, les tiene miedo.

Las hormigas van a seguir entrando. No porque sepan algo que nosotros no.

Es porque saben lo que tienen que hacer.

Y lo hacen.

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