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Pablo Foncillas  

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Fragmento

Introducción

Me encantan las preguntas. Es la herramienta de gestión más poderosa que conozco. Muy pocas cosas son más potentes que una buena pregunta. Uno de los aspectos que más disfruto en mi actividad profesional es el de encontrarme con personas que ocupan cargos directivos en empresas de múltiples sectores en distintos países y formularles preguntas. Sé que en las respuestas está el futuro. Es un método infalible, de solvencia contrastada, que ha superado la prueba del tiempo porque tiene más de dos mil años de antigüedad y sigue tan vigente como el primer día. Sócrates lo impulsó. Con las preguntas correctas, los ejecutivos pueden tratar de anticipar las tendencias que vienen, descubrir lo que les preocupa, lo que les mata y lo que les da la vida.

En las preguntas muchas veces se encuentra la sutil diferencia entre el éxito y el fracaso, los deseos y los miedos, el reconocimiento y el olvido.

En los últimos años he trabajado con miles de participantes (los he tratado de contar y suman 23.343 a fecha de 1 de septiembre de 2018, desde el inicio de mi actividad docente a principios de 2001) a través de sesiones en todo tipo de programas que podríamos enmarcar dentro del desarrollo de capacidades directivas. En ese tiempo he impartido más de 350 conferencias a directivos de múltiples países a un lado y otro del Atlántico, con culturas, visiones, experiencias, problemas diferentes, pero con una preocupación gigantesca común:

• ¿Cómo puede el digital facilitar mi proceso comercial?

• ¿Cómo puede el digital ayudarme a conectar mejor con mis clientes?

Llevo muchos lustro

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