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VIVIAN TRíAS. EL HOMBRE QUE FUE RíOS

Fernando López D'Alesandro  

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Fragmento

Introducción y otros menesteres

Si bien este libro es producto de la aparición de los archivos de la inteligencia política checoslovaca, también es, en realidad, el resultado de treinta años de investigaciones y de recopilación de documentos y testimonios. Corresponde explicar.

En el camino de la investigación de la Historia de la izquierda uruguaya, amigos, compañeros o amables lectores me fueron acercando a lo largo de los años “papeles viejos”, algunos de inestimable valor, que fueron conformando un archivo. Pero a pesar de los papeles, los vacíos dejaban mucho sin explicar. La década del 1960, crítica en todo sentido, fue un parteaguas para las organizaciones de izquierda, pero de todas ellas la más conflictiva fue el Partido Socialista. Vacíos y contradicciones políticas e ideológicas por momentos inexplicables frenaban cualquier intento de investigación. El historiador entraba en laberintos sin salida aparente.

Ciertas informaciones recibidas por mí en 1995 - 1996 sobre los vínculos de Vivian Trías con los “servicios del Este”, esa fue la denominación que me dieron, comenzaron a aclarar muchas cosas, cuando el foco de la interpretación variaba el tono de su luz en la lectura de los documentos conocidos. Cuando aparecieron los archivos de la Státní bezpečnost (StB), la Policía política checoslovaca donde Vivian Trías figuraba como el agente Ríos, muchas cosas comenzaron a aclararse, aunque aún quedan vacíos que llenar.

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Para comprender los contenidos de esos archivos el análisis del proceso histórico es fundamental. Por eso la estructura de este libro analiza el giro del socialismo uruguayo hacia “la tercera posición“ y al revisionismo a mediados de la década de 1950 y la asunción del socialismo nacional. Sabíamos del impacto de la Revolución Cubana en el proceso y cómo generó nuevas definiciones ideológicas y estratégicas, donde la lucha armada juega un papel central en el socialismo uruguayo. El estudio de este proceso como consecuencia del fracaso del primer intento frentista del Partido Socialista (PSU), la Unión Popular, explica muchas cosas, inclusive la integración de Vivian Trías a la StB. La ruptura con Emilio Frugoni es analizada aquí no como un hecho puntual de 1963, sino como un proceso más largo gracias a una serie de documentos inéditos que obran en nuestro poder.

Las sucesivas crisis del PSU son la génesis de diversas organizaciones políticas, algunas desaparecidas como el Movimiento de Unificación Socialista Proletaria (MUSP), otras con proyección al presente, como el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T). En ambas creaciones el Partido Socialista tuvo responsabilidad, procesos que intentamos estudiar. En ese marco, el apoyo incondicional del PSU y de Vivian Trías a la Revolución Cubana y la integración sin condiciones de los socialistas a la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) con la promoción de la lucha armada y la consiguiente ilegalización de Partido Socialista, a la luz de los archivos de la StB se comprenden de otra manera. Asimismo nuestros archivos particulares aportan datos inéditos hasta hoy que, creemos, iluminan aquel proceso.

De allí a la definición del Partido Socialista como marxista-leninista, siempre tan llamativa, hubo un paso que los socialistas y Vivian Trías dieron con entusiasmo en 1972. La relación con la inteligencia checoslovaca aporta otra mirada a este proceso tan singular.

La seducción de Trías y del socialismo nacional uruguayo con el peronismo siempre fue muy difícil de explicar. La documentación escrita por Vivian Trías y Carlos Machado sobre el tercer gobierno de Juan Domingo Perón y su esposa permite entender con bastante claridad las razones de esos apoyos. Su deriva inmediata, la dictadura de Jorge Rafael Videla y las consideraciones de Trías al respecto dicen mucho de sus herramientas de análisis.

Buscar las razones por las que Vivian Trías eligió trabajar como espía durante trece años para un servicio represivo comunista, o sea, para una filial de la KGB, es una pregunta que admite muchas respuestas. Si este vínculo determinó sus posiciones y sus decisiones políticas y, por lo tanto, las de su partido, es algo tan largo y complejo de explicar que necesitó de un libro.

Las fuentes usadas fueron las éditas, las existentes en nuestro archivo y decenas de fuentes orales, algunas recientes, otras recogidas a lo largo de años de investigación. Debido a lo polémico del tema, aquellos documentos publicados en internet son referidos para que el lector los consulte. El Grupo de Estudios Interdisciplinarios sobre el Pasado Reciente (GEIPAR) editó en su página web documentos en español de los archivos checos, que citamos y pueden ser consultados libremente. Obra en nuestro poder el archivo del Dr. José Pedro Cardoso, dirigente del Partido Socialista, legislador y un gran hombre que me confió sus papeles hace mucho. Ellos son una parte central de este trabajo. Gladis Caramella de D’Elía, la esposa del profesor Germán D’Elía, me regaló la parte del archivo correspondiente a la historia del socialismo uruguayo. Fueron aportes que no tengo forma de agradecer, por su contenido, pero además por la confianza que significó el cedérmelos. Esos documentos junto con los cientos de folios ofrecidos a lo largo de los años por decenas de amigos, compañeros o desconocidos con conciencia histórica construyeron mi archivo. Sin ellos gran parte de este trabajo sería imposible.

Finalmente, los aportes orales para la historia reciente son de gran valor, a pesar de que deben ser analizados con un tamiz muy riguroso. De las palabras escapan pasiones, intenciones, dolores lejanos. Creo haber hecho un uso ponderado de ellos. Quienes aceptaron hacer pública su identidad son citados. A las decenas de personas que pidieron reserva les respetaré siempre ese pedido. Figuran en las notas al pie como “testimonios diversos”.

Esta fue una investigación compleja y tensa, que tomó estado público mucho antes de empezar a escribir este libro, con polémicas abiertas y contradicciones que levantaron pasiones. Algunas son entendibles, de otras mejor no hablar. Los intereses políticos estaban en medio de este proceso, y haber dado a luz los documentos checoslovacos tuvo como consecuencia sufrir presiones, ataques y aislamientos. Las discrepancias francas fueron debatidas. A las mentiras se les responde con el silencio o con algo de ironía. En el momento más crítico, al inicio de esta investigación, donde estaba en juego su legitimidad, Esteban Valenti, Enrique Canon y Ramón Rivarola extendieron sus manos de amigos y compañeros. Gracias a ellos este trabajo pudo seguir adelante.

Quiero expresar mi gratitud a Vladimír Petrilák y a Mauro Abranches Kraenski por su generosidad intelectual y su infinita paciencia en la ayuda que me prestaron. A pesar de nuestras diferencias supimos comprendernos.

Horacio Pérez y Carlos Álvarez llegaron en medio de este trabajo con aportes que ahorraron mucho tiempo y esfuerzo. Seré celoso custodio de esos papeles. Jorge Chagas y Gustavo Trullen me brindaron sus ensayos inéditos sobre la Unión Popular, un gesto tan valiente como solidario, considerando el clima que rodeó la redacción de este libro. El trabajo inédito de Carlos Pérez sobre su vida militante fue otro aporte central que el autor me entregó con generosidad y que permitió interpretar el proceso del socialismo de principios de la década de 1970 desde otra óptica.

Gabriel Pereyra y Alejandro Ferreiro leyeron estos manuscritos, al igual que Federico Lanza, Andrea Antuña, Román Hughes y, de nuevo, Ramón Rivarola. Sus aportes fueron, además de enriquecedores, un aliento para seguir adelante. Carolina Cerrano merece un aparte, por el detalle con que leyó e interpretó este trabajo.

Irene Barros, mujer paciente si la hay, atendió permanentes requisitorias. Sus aportes para una aproximación al análisis de la personalidad de Vivian Trías y sus motivaciones más allá de la política fueron imprescindibles. Quizás la mejor parte de este trabajo se la debemos a ella.

Todos, tanto los nombrados como los anónimos, me brindaron esa ayuda y solidaridad que podrá ser correspondida pero difícilmente recompensada.

Montevideo. Marzo de 2019.

“Y es que aquel disfraz no lo disfrazaba: lo revelaba”.

C. K. Chesterton. El hombre que fue jueves.

Para Irene, obviamente.

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Papeles lejanos

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Era cierto, Vivian Trías había sido espía. Y entonces apareció su biblioteca en una librería de segunda mano de la calle Tristán Narvaja. Nadie se quiso hacer cargo. Fui comprándolos de a poco y a crédito. No había mucho que no se pudiera conseguir en cualquier lado, salvo el Oribe de Lorenzo Carnelli o el Lavalleja de José María Sosa. En realidad, lo que importaba eran las anotaciones al margen. Un trazo firme de lápiz reflejaba los pensamientos espontáneos del Trías lector sobre la opinión de los autores. Y era lapidario, como los militantes de aquella época. No había lugar para la duda y poco espacio para la reflexión.

Escribe “error” cuando Zorrilla en Extracción Social de los Caudillos plantea la importancia de las fronteras, o que el autor “escamotea” realidades, o reafirma el carácter popular de Artigas; “su familia se empobreció”, responde al historiador con una letra nerviosa, como si estuvieran atacando su esencia más íntima, las bases de su personalidad intelectual.

No fueron tantos los libros a rescatar, pero sí suficientes como para mantener en mi biblioteca una parte de mi propia historia personal, de una opción intelectual en la que había creído hace mucho tiempo. Cada página era una invasión de recuerdos. Otros que se rescataron del olvido o de la indiferencia, buscando en la memoria aquellas conversaciones tan militantes, tan llenas de esperanza, donde los libros de Trías, sus tesis y sus enfoques eran desmenuzados una y otra vez, por tantos amigos, por tantas compañeras.

Una biblioteca casi abandonada en una librería de segunda mano no podía ofrecer respuestas sobre los dolores lejanos. Tampoco sobre las dudas, sobre esas sombras en lo hecho y en lo dicho, que dejaban cosas sin explicar. Los garabatos en los márgenes de un libro afirmaron lo inexplicable.

Me resultó atractiva, siempre, la idea de una opción política de cambio radical equidistante de las principales potencias. Si el imperialismo era un hecho económico y político, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética tenían sus intereses de dominio que se expresaban en el control y en la intervención velada o directa. Irán y la caída de Mossadegh, Guatemala en 1954, Dominicana en 1965 tenían sus correlatos con Hungría en 1956, Checoslovaquia en 1968. ¿Qué diferenciaba la dependencia del capital yanqui de la dependencia de la voracidad soviética? Una “tercera posición” que terminara con la miseria en el país, en América Latina y en el mundo, y dejara todo pronto para el socialismo era una opción muy atendible. Una parte de la generación de 1968 fue seducida por la izquierda nacional. También muchos de la generación de 1983, la juventud de la apertura democrática.

¿Qué habrá sido de aquellos muchachos que entraban primero y salían últimos de las asambleas, de los bares y que quemaron noches en la sala de alguna casa pobre estudiando y haciendo?

Cerré los libros. Los ordené uno a uno en hilera. Ni se me ocurrió otra cosa que conservarlos para la memoria o como advertencia. Advertencia que recordaba que todos somos humanos y falibles. Y que desde lo que se dice hasta lo que se hace puede haber caminos sinuosos que llevan a ninguna parte.

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Eran unos ojos claros que miraban afirmando cada palabra que decía para exponer sus tesis, para contar lo que sabía, para hablar de cualquier cosa. Alguna cana, sin importancia, aparecía en su pelo rubio, cortado á la garçon, que se enmarcaba en aquel rostro casi enjuto, que sonreía siempre. No le quedaba mucha vida y lo callaba. Tal vez por eso le preocupaba que sus ideas y su saber fueran más allá de su presencia. Una tarde me asombró, en su perfecto español con un toque francés, manteniendo ese estilo aristocrático que no le gustaba pero que no podía negar.

“¿Nunca te llamó la atención el giro de Vivian Trías al marxismo-leninismo?”, me preguntó un día como al pasar. Conocía demasiado bien a la izquierda del Río de la Plata como para que esa pregunta fuera inocente. La explicación fue la habitual; la “moda” ideológica de la época, el impacto de la Revolución Cubana y otros avatares del socialismo uruguayo de los sesenta. Se paró, tomándome del brazo en el medio de la rambla. Con su tono firme, casi francés, disparó: “Trabajaba para los servicios del Este. Vi los documentos y leí las pruebas en Estados Unidos, además”.

La revelación merecía un café y un lugar tranquilo. Su casa en Montevideo era lo indicado. Un lugar agradable, donde el invierno quedaba afuera, también las dudas, para dejarse llevar por las palabras y la música que siempre hacía lo suyo.

Me contó cómo vio documentos y habló con especialistas. La información era tan detallada sobre hechos, pero principalmente sobre personas, que no podía ser falsa. Era imposible que conociera a tantos por nombres y apellidos.

“Seguí la pista de las transformaciones en la línea del Partido Socialista desde 1963 y las políticas soviéticas hacia América Latina. Ahí está la clave”.

¿Sería así? Cambios que iban desde el nacionalismo popular clásico, pasando por la lucha armada, el filo-castrismo en la OLAS, para llegar a principios de los setenta al marxismo-leninismo duro y puro, ¿debían coincidir con la política exterior soviética? “Seguí esa pista y verás. Hasta que puedas llegar a los archivos, claro”. Pero esa posibilidad estaba tan lejos que solo quedaría la duda, apenas despejada leyendo la prensa de la ...