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VIVA BATLLE!

Washington Abdala  

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Fragmento

EL ÚLTIMO IDEALISTA

Hace un tiempo que ronda en mi cabeza la idea de escribir sobre Jorge. De hacer una selección dentro de su enorme producción intelectual. Y arranqué. Fui a ver a algunos amigos y gente que me permitiera saber más de él. Empecé despacito. Este libro no tiene pretensiones de explicación o ensayo, es solo el fruto de una inquietud de alguien que admiró al personaje y escribe, ordena el material y lo disfruta. Probablemente sea la forma que encontré de mantenerlo vivo. En las mentes de los que lo admiramos, Jorge sigue presente. Es un libro caprichoso, por cierto. Alguno me dirá que faltan personas, pero es porque están los que entendí de mérito ubicar en sus relatos, los que a mí me pareció interesante integrar en esta descripción. No se espere entonces objetividad, no señor, es mi selección personal. Y, además, tiene tiempos que van para adelante y para atrás en las citas. Me gusta mostrar cómo un personaje se mantiene sólido en sus argumentos, evolucionando, pero sólido en sus creencias. Eso es algo no muy común en la contemporaneidad. Gustará o no, pero es lo que me pareció relevante mostrar. Subjetividad pura. De cualquier modo, no existe la objetividad, no nos engañemos.

Al principio no quería escribir mucho, ni compilar demasiado del material de Jorge porque me afecta su ausencia. Y eso que compartí con él épocas preciosas, otras de pocas palabras, otras de convivencia cotidiana y otras normales, digamos. Aunque con Jorge nunca nada era “normal” o corriente. Quizás eso era parte de su magia. Supongo. Y algo que aprendí de adulto: no somos todos iguales con todas las personas. Unos, por alguna razón, tenemos más química, más empatía y más enganche con algunos que con otros. (Eso se lo dejo a la psicología, pero es así. En mi relación con Jorge, por razones que no vienen al caso, hablé toda la vida con una frontalidad y una sinceridad total. No era un diálogo con alguien a quien temer, como les pasaba a muchos, eran conversaciones siempre frontales y sinceras).

Para todos los que fuimos batllistas en algún momento de nuestras vidas, la presencia de Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti significó conocer a individuos superiores en el plano de lo político e intelectual. Superiores en el buen sentido de la palabra: cultos, trabajadores y sólidos. Atributos que el tiempo viene enterrando para decantar un relato contemporáneo donde no necesariamente a estos perfiles se los interpreta como relevantes. La posmodernidad tiene otra demanda, ni mejor, ni peor, otra, con otros códigos. Lo sabemos todos, y es otro debate del que estoy escribiendo. Pero Jorge y Julio son distintos y complementarios. La historia algún día escribirá sobre sus competencias y sobre sus necesarios “enganches”.

Venía trabajando en esa línea, hasta que me encuentro con el libro de Sebastián Wolloch, una notable aproximación biográfica que ya está allí. Me liberé del perfil de una biografía o algo que se le parezca. Listo. Voy por otro lado. En el fondo, supongo, es lo que siempre pretendí hacer. Será raro que en un libro como el que me convoca, los inste, estimados lectores, a leer otro libro. Paciencia, es que está muy intenso y me permite ahora ser más libre con lo que pretendo mostrarles de Jorge Batlle. Es más, si hubiera publicado este libro antes que Wolloch hubiera aparecido con su Profeta Liberal habría sido un error gi

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