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QUINQUENIO

Jorge Señorans   Luis Inzaurralde  

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Fragmento

PRÓLOGO
MINEROS DE ORO Y DE CARBÓN

Por Jorge Pasculli

Cuando, después de la larga entrevista que me tocó con los autores, estos me sorprendieran con la invitación a escribir el prólogo, sentí que además de un gran honor era un dificilísimo compromiso para mí. Seguro que me iba a quedar insatisfecho con lo que hicieran. Es que la idea de escribir un libro sobre el Quinquenio siempre me estuvo rondando desde hace 20 años. Incluso en asados y reuniones durante estos años siempre surgía la pregunta de algunos compañeros de esa época: “¿y, para cuando el libro y más videos?”. Este libro me saca de encima el compromiso. Por supuesto que me apasionaría haberlo hecho, pero la dificultad es que tendría tanto para escribir que necesitaría por lo menos cinco libros para abarcar esos casi 2.000 días intensísimos para todos nosotros. Es que, debo reconocer que yo no estoy en condiciones de escribir ese libro, porque para mí aún hoy aquello está muy fresco, muy intenso, muy impregnado de un inmenso cariño por todos mis compañeros y lo que vivimos. Porque si bien en cada final de aquellos años pudimos festejar, hubo once meses anteriores donde todo fue lucha y no todo fueron rosas, externa e internamente. Por eso, seguramente cada uno de aquellos compañeros también podría escribir un libro de cómo lo vivió cada uno y tendrían muchas cosas para agregar. Por lo que querer abarcar toda la realidad es imposible cuando fue tan rica, tan polémica, tan apasionante, y donde participamos tantas personas. Por eso al leer todo lo escrito en este libro traté de ponerme en el lugar de un lector común y no en el mío o en el de cada uno de mis compañeros.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Sin embargo, debo decir que al leer este libro, que los autores me presentaron meses después para que yo pudiera escribir el prólogo, no solo me tranquilicé sino que fueron reviviendo en mí los principales momentos que fueron construyendo esta “patriada”. Hasta erizarme, agitarme, reír, emocionarme y ratificar que todos los que tuvimos la oportunidad de participar fuimos unos privilegiados. Además de la gesta deportiva, aquello fue una aventura humana que nos significó una experiencia de vida inigualable. Página a página me iba metiendo en un túnel del tiempo apasionante que me llevaba a aquellos días. Es que construimos una familia en plena batalla durante cinco años. Como toda familia, con virtudes y defectos, momentos de amor y de pelea. Con enormes esfuerzos sí, pero también con errores y excesos. Eso sí, con una gran unión a la hora de salir a jugar, siempre. Este grupo peleó por el dinero sí, como cualquier trabajador, pero –lo digo con total conciencia– peleó por la gloria, por amor propio, por sentido del deber hacia la historia del Club y su gente. Por toda aquella gente y su increíble apoyo. Y fuimos peleando –también– por seguir ganando para así seguir todos juntos un año más. Los futbolistas de más enjundia tenían su lugar casi seguro igual, pero había muchos muchachos que no, que dependían de los resultados para seguir en Peñarol. Y en este grupo siempre se peleó por todos, y en especial por los más débiles. Peleamos también por seguir todos juntos. Esa es la verdad.

Todo eso fue multiplicando las fuerzas de un grupo que se fue haciendo “de fierro”.

El “Todos juntos” del que habla Damiani no fue una frase. Directivos, funcionarios, técnicos, jugadores, hinchas, fuimos capaces de “renacer” el espíritu de Peñarol, porque dejamos el alma, primero que nada. Fuimos mineros de “pata al suelo” buscando con hambre reencontrar la identidad carbonera. Que se había ido diluyendo hacía ya unos cuantos años antes y que volvió a entreverarse después del Quinquenio, en la maraña de este nuevo siglo, donde ya no abundan “mineros...”.

Ese “Todos juntos”, esa construcción colectiva en marcha creciente, generó lo que el hincha Diego Gamarra resume muy bien al comienzo del cuarto capítulo al explicar la avalancha de hinchas niños y jóvenes de esa época, en el comienzo del cuarto capítulo de este libro: “Sistemáticamente los veías ganar de las formas más sorprendentes que uno podía imaginar. Entonces eso te llevaba a asumir que las cosas imposibles podían pasar, y que si vos ibas a la cancha, Peñarol ganaba. Vivir con eso era formidable a nivel de seguridad personal, no solo en el fútbol sino en todos lados. Te sentías un ganador en todos los aspectos. No estoy seguro de que sucediera porque fuéramos mejores, sino porque se transmitía”.

Este libro te mete en aquella “marea humana” contagiosa y contagiante del Quinquenio. Esa locura de año a año ir tras lo imposible y –con mucho esfuerzo– lograrlo al final. Esa “marea humana” no se explica solo por el exitismo de ganar sino por la forma y la entrega con que se lo intentaba. Era sentirse parte de un “sí, se puede”. Así se explica el aluvión de camisetas amarillas y negras por todo el país. Gente de todas las edades y clases sociales se sentía parte de un “sí, se puede”. Y le daba confianza y entusiasmo para su propia vida. No siempre los “imposibles” se logran, pero te da una enorme felicidad ir tras ellos, “todos juntos”.

Este libro está escrito con muchísimo respeto. Por todo y ...