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PEQUEñOS GRANDES LECTORES

Fernando Alberca  

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Fragmento

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¿Por qué unos disfrutan leyendo

y otros aún no?

A todo ser humano le gusta leer. No obstante, muchos sienten un gran rozamiento al hacerlo porque no han aprendido bien y no les compensa el esfuerzo: pueden perderse la historia, porque ninguna historia resulta vital antes de ser leída.

Si hubiesen aprendido a leer sin apenas rozamiento, con agilidad, como si el engranaje de su ojo-pensamiento-imaginación funcionara bien engrasado, entonces leerían siempre que pudieran, porque disfrutarían enormemente, siendo ridículo el esfuerzo comparado con el conocimiento de una historia que les iría pareciendo más atrayente a cada línea y que se convertiría en una experiencia vital que no desearían perderse.

Ese rozamiento comporta, por ejemplo:

– Tener que releer algunas líneas porque uno se ha perdido, pese a no estar muy preocupado por algo en concreto en ese momento.

– Leer un párrafo y no comprenderlo, no imaginarse la escena bien, con detalles.

– No entender muchas palabras.

– Ir tan lento con un libro extenso que se tiene la sensación de no avanzar, sobre todo si la historia crea intriga para saber cómo sigue.

Es preciso afianzar en quien ya lee bien la forma de leer correcta, y mejorarla en quien sufre aún rozamientos y un desgaste que le hace disfrutar o comprender menos. Da igual la edad. Unos se encontrarán a punto de aprender a leer y otros ya aprendieron con rozamiento hace mucho.

Si no se lee bien, el desgaste que exige leer un libro no compensa pese a la curiosidad y el deseo. Si se ha aprendido a leer mal o si no se ha podido solventar algún obstáculo personal, es lógico que no compense la historia que encierran los veintiocho símbolos, en español, combinados de las letras y grafismos. «Me cuesta tanto esfuerzo leerme este libro que si realmente es muy bueno, ya me lo contarán o harán una película y la veré», me decía Sergio, un chico de trece años.

Sin embargo, a todo el mundo le gusta vivir vidas de aventuras extremas sin correr ningún riesgo: ser pirata, ser capitán, jefe, amante, amado, detective, famoso... Tomar el sol en un balcón de la Toscana o en un yate cerca de una isla griega o pasar miedo por ser despreciado, miserable y al mismo tiempo comprobar que en la vida real, fuera del libro, no se es así. Si no hay rozamiento al leer se lee sin notar el cansancio, y entonces cualquier historia bien escrita cautiva. Si no, se convierte en un ejercicio que agota y lo más inteligente es abandonar.

Leer es disfrutar y vivir. Cualquier obstáculo que lo impida justifica el abandono y el disgusto.

Por eso hay muchos niños que desde los doce o trece años, y antes incluso, disfrutan leyendo libros gruesos y sin ilustraciones, y leen continuamente casi todos los días; su castigo es no dejarlos leer durante un rato y su regalo perfecto es un libro. Son niños que, simplemente, han aprendido a leer bien y no sienten gran rozamiento al hacerlo: «Yo no sé leer bien, papá, lo que me pasa es que leo muy rápido porque tengo muchas ganas de saber qué sucede», decía mi hija mayor cuando tenía once años y ya leía 285 palabras por minuto. Yo le había enseñado a leer cuando tenía dos años con el método que describiré más adelante en este libro y aún no hablaba, porque un niño puede aprender a leer bien antes de que aprenda a hablar bien. Ahora devora un libro de 300 páginas en una hora (El Señor de los Anillos en una tarde), es profesora de Humanidades y algunos veranos la han contratado diversas editoriales para leer manuscritos por su rapidez, comprensión, cultura y capacidad de observación en la lectura.

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Ventajas de saber leer bien

Muchas personas pueden creer que leer bien es una cuestión sobre todo escolar. Que es necesario para el rendimiento y aprendizaje dentro del ámbito de la escuela. Aunque leer es mucho más, es cierto que leer bien está relacionado con el rendimiento escolar

Desde los años noventa hasta nuestros días, muchas investigaciones en el ámbito de la pedagogía y la psicología han relacionado el fracaso escolar con una lectura defectuosa. Ya en 1971 Brabner señalaba en su investigación que las dificultades que encontraba una persona en la lectura comprensiva son la principal causa de fracaso en los estudios de Primaria, Secundaria, Universidad y en las oposiciones. Otros (Alonso y Mateos Sanz) demostraron, poco más de una década después, que quienes encuentran obstáculos en la lectura tienen menos cultura, relaciones, oportunidades educativas, habilidades sociales y laborales, y no aprovechan tan bien el tiempo libre. En la primera década del siglo XXI esto se ha concretado más: los distintos aspectos de la lectura no solo influyen, sino que además determinan el rendimiento escolar y el futuro profesional (De Vega, 2008).

En el año 2014 realicé un trabajo de investigación para el máster de Neuropsicología y Educación, con una muestra de 112 alumnos y alumnas de ocho y nueve años de dos ciudades españolas distantes para comprobar la relación entre comprensión lectora, discriminación auditiva, discriminación visual y rendimiento escolar. El resultado fue que había una correlación significativa entre lectura y las demás variables con el rendimiento escolar, con una intensidad alta.

Pero leer bien conlleva muchos más beneficios que los limitados al ámbito de la escuela y los estudios. No es solo el medio para comprender un texto que se debe estudiar. Esto no supone ni el 2 por ciento de lo que la lectura aporta a un ser humano lector en su vida: relaciones, inteligencia, conexión con el mundo, evasión, imaginación, distracción, experiencia, sensación, comprensión, sabiduría, empatía... Reducir la lectura a la escuela es como reducir el nadar en el mar a verlo en una foto.

Quienes han aprendido bien a leer y, en consecuencia, disfrutan leyendo, conocen el placer de leer y la tristeza que se siente cuando un libro se acerca a su fin y se agotan sus páginas y lo vivido. Asimismo, quienes han sentido no saber cómo dilatar el placer de una lectura y han previsto que experimentarán un vacío grande cuando una historia se acabe, saben bien que leer se excede de la escuela. Algo de lo que solo son conscientes quienes disfrutan porque saben leer bien. No es una cuestión de carácter, sensibilidad, personalidad, genética o momento (el momento y la forma de ser influye en que guste, apetezca o no, pero no el resto de las ventajas que conlleva leer), sino de aprendizaje. Por ello, porque merece la pena leer disfrutando y disfrutar leyendo, merece la pena aprender o reaprender a hacerlo bien para obtener más beneficios y placer.

Junto a ese placer de vivir una historia leída, se agolpan en la lectura otras muchas ventajas, cada una de ellas valiosa por sí sola y que juntas señalan la importancia de leer bien. Entre ellas:

1. Hace madurar.

2. Enseña a organizar la realidad.

3. Hace sentir más sensaciones, emociones y sentimientos, con sus co

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