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¡MáS RAZONES PARA ODIARTE! (BAD BOY'S GIRL 2)

Blair Holden  

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Fragmento

1

He empezado a desarrollar un odio casi caníbal hacia las pelirrojas

El tiempo es lo que tiene: que le importas un comino. Le da igual si estás destrozada y hundida en la miseria. Le da igual que estés llorando una pérdida tan inmensa que te duele literalmente el corazón cada vez que respiras. No, al tiempo todo eso le da igual. El tiempo sigue pasando inexorable, nunca se detiene. A ti te gustaría que permaneciera inmóvil, eterno, pero las cosas no funcionan así, ¿verdad? Al tiempo le da igual que tú no estés preparada para seguir con tu vida. No le importa que seas incapaz de hacer cosas solo porque toque hacerlas.

Le da igual que estés tan mal que tengas el cuerpo entumecido. Él va a la suya, marcando los segundos y esperando que le sigas el ritmo.

Y eso es lo que hago.

Aunque me cuesta mi tiempo, eso sí.

Una semana más tarde

Durante esta última semana, mi cama y yo hemos sido uña y carne. Por si te pica la curiosidad, no nos hemos separado ni un segundo. Esta era la semana en la que nos íbamos todos juntos de viaje. Megan, Alex, Beth, Travis, yo y... él.

Pues les he estropeado el plan.

Les dije que fueran ellos, que yo necesitaba tiempo para aclararme. Quería que pensaran que estaba bien, pero, claro, resulta que esta gente se preocupa de verdad por mí. Se dieron cuenta de cómo estaba y anularon el viaje. Lo peor de todo es que Megan y Alex acabaron discutiendo por mi culpa. Es lo malo de tener parejas dentro de tu mismo grupo de amigos. Cuando alguien rompe, se cuestionan las lealtades y la gente acaba posicionándose aunque no quiera.

El verbo «romper» merodea por mi cabeza hasta que consigo apartarlo, como siempre. Las lágrimas, que a estas alturas ya deberían haber aparecido, amenazan con hacer acto de presencia y yo ya estoy harta de llorar. Esta no es la persona que quiero ser, la chica que no sale de la cama en toda la semana. No quiero ser la que ahuyenta a cualquiera que se interesa por ella. No quiero que por mi culpa mis amigos manden al garete sus relaciones. No quiero pasarlo tan mal y menos por un chico.

Pero resulta que yo soy así.

Cuando Cole volvió a mi vida, me prometí que no cometería otra vez el mismo error, que no permitiría que un chico se convirtiera en el centro de mi mundo. La decisión tenía más que ver con Jay que con él. Nunca me planteé el poder que tenía sobre mis sentimientos, ni se me ocurrió pensar que podía triturarlos como lo hizo. Por eso me enamoré hasta las trancas. Y ahora él ya no está y yo sigo siendo la niñata que lo siente todo con demasiada intensidad.

Me cubro la cabeza con la colcha, aprieto los ojos y rezo para que llegue el sueño. Cuando duermo, sé que no me pasará nada malo, pero en cuanto me despierto vuelvo a sentir el dolor, más fuerte que nunca.

Dos semanas después

Me cuentan que viene a verme todos los días y que todos los días lo mandan de vuelta por donde ha venido. Beth dice que el primer día que se presentó en mi casa, Travis le puso un ojo morado, y la cosa podría haber sido mucho peor si ella no le hubiera parado los pies a mi hermano. También dice que él no se defendió, que se quedó ahí, inmóvil, y dejó que Travis hiciera con él lo que quisiera. Saber eso despierta algo en mi corazón, como un pellizquito. El sopor sigue siendo la sensación dominante, pero cuando esa imagen en particular se materializa en mi cabeza, sé que estoy sintiendo algo. Me deshago de ella cuanto antes. No me interesa.

Lo que Beth no sabe es que lo veo todos los días cuando se va. Da un portazo, como si quisiera avisarme, y es en ese momento cuando hago el esfuerzo de levantarme de la cama y asomarme a la ventana. Siempre se queda plantado en el mismo sitio durante unos diez segundos y luego se va. Una vez, muy al principio, vi que se desplomaba de rodillas en el suelo y su cuerpo se sacudía entre sollozos silenciosos. Aquello estuvo a punto de hacerme cambiar de opinión, pero luego me acordé del dolor, del dolor que me causó y que podría volver a infligirme.

Más que suficiente para que me esconda de nuevo.

Así pues, ahora tengo que fingir que nada de esto me afecta, pero estoy mintiendo y, peor aún, me estoy mintiendo a mí misma. La cuestión es que me odio por pensar en Cole. Está claro que a él no se le ocurrió pensar en mí cuando...

No.

No quiero revivirlo. Le he dado vueltas una y otra vez, pero se acabó. Necesito superarlo. Tengo que superarlo. No puedo detener mi vida por él. Todo el mundo dice que el amor adolescente es del que se supera, que nunca es tan serio como te lo parece a ti en tu cabeza. Estar tan deprimida por una relación que tampoco ha durado tanto parece ingenuo, una tontería, ¿verdad?

Pues lo siento pero no estoy de acuerdo. Lo que había entre Cole y yo era más, mucho más. Se parecía más a una relación para toda la vida que a un amor de juventud.

Nótese el uso del pretérito imperfecto.

¿Oyes eso? Exacto, es el sonido de mi corazón partiéndose por la mitad.

Esta es también la semana en la que Jay empieza a pasarse cada vez más a menudo por casa. Creo que por fin ha empezado a entender cómo me siento, a entenderlo y a tener algo de tacto al respecto. En su defensa debo decir que no se le pone cara de asco cuando me ve metida en la cama con pinta de vagabunda. Hace días que no me ducho y me puedo imaginar la pinta que tengo. Por si fuera poco, el pijama no es de Victoria’s Secret precisamente.

Durante un nanosegundo sus ojos se abren como platos, pero enseguida se controla y toma asiento en el sillón que hay a mi izquierda. Estoy mirando Sobrenatural; últimamente solo estoy de humor para ver sangre y violencia.

Permanecemos en silencio unos segundos hasta que él empieza a hablar. Si se le ocurre mencionar su nombre o hablar sobre lo que sucedió, aunque sea de pasada, le pediré a Travis que lo eche. Así de sencillo.

Sin embargo, me sorprende.

—¿Por qué temporada vas? Dejé de seguirla hará cosa de un año.

Los hermanos Stone; como siempre, haciendo añicos toda expectativa, ¿eh?

Tres semanas después

Las rupturas son buenas para un par de cosas. Cuando intentas superar la pena y el acoso incesante de los recuerdos, a cuál más doloroso, lo más normal es intentar encontrar distracciones. Al menos eso es lo que yo necesitaba desesperadamente, así que me puse manos a la obra. Faltaba poco para los exámenes finales y me había dejado la piel estudiando. Por lo general, cuando estás tan destrozada como yo, cuando ni siquiera existes para el resto del mundo, estudiar es lo último que te apetece, ¿verdad?

Falso.

Estudio y lo hago con más entrega que nunca. Creo que hasta Megan está empezando a ponerse nerviosa, y eso que ella es la que se prepara los finales con tres meses de antelación. Aun así, cuando por fin llegan los exámenes, es incapaz de dormir en toda la semana. Se instala en la biblioteca y subsiste a base de cafés hasta que está segura de que solo va a sacar sobresalientes.

Pues yo lo estoy llevando al siguiente nivel, así que, adelante, no te cortes y pon en duda mi cordura.

Dormir me hace soñar y, cuando me despierto, lo hago empapada en sudor. Los sueños son siempre parecidos. Erica y él besándose, toqueteándose, sus cuerpos enredados el uno en el otro. Por norma general, me despierto con las mejillas empapadas de lágrimas, así que al final he tenido que renunciar a dormir ocho horas del tirón. Ahora echo cabezaditas, de dos o tres horas como máximo.

El resto del tiempo estudio.

Y cuando por fin solo falta una semana para el primer examen, estoy a punto de derrumbarme porque sé que voy a verlo.

 

 

Un mes más tarde

En la actualidad

—Sí, mamá, se lo diré. No, no te prometo nada... Escucha... Vale, sí. Lo intentaré. Yo también te quiero, adiós.

Travis suspira y se desploma sobre uno de los taburetes de la cocina. Se nota que está cansado. No puedo evitar sentirme muy, muy culpable. Tiene que ocuparse de su novia, que está intentando superar la muerte de su madre, y además tiene que soportarme a mí, la psicótica inestable de su hermana. Y eso sin mencionar a nuestros padres.

Pero al menos siento... algo. Lo prefiero a la n

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