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MAESTRO

Jorge Señorans   Luis Inzaurralde  

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Fragmento

SOBRE EL MAESTRO ÓSCAR TABÁREZ

Marcelo A. Bielsa

Las victorias obtenidas son las que han permitido a Óscar Tabárez permanecer durante tanto tiempo en su cargo. Los resultados son los parámetros que habitualmente se consideran para evaluar a un entrenador. Sin embargo, la valoración de Tabárez no debería basarse solamente en los triunfos que obtuvo. Hay otros aspectos que aumentan la trascendencia de su tarea como conductor. Me refiero a la forma de actuar, a los valores y principios sostenidos y a las virtudes demostradas al frente de los equipos que ha dirigido.

Tabárez es y ha sido un director técnico coherente, consecuente y fiel a sus ideas futbolísticas y a la verdad. No ha abandonado su forma de pensar, argumentando por qué la mantiene cada vez que resulta necesario. No se trata de obstinación o falta de flexibilidad, sino de evitar la versatilidad frívola o interesada, la moda o la seducción del momento o del poder en cualquiera de sus formas.

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En tiempos en los que es frecuente declinar posiciones y abandonar ideales para luego eludir la traición como si no hubiera ocurrido, Tabárez no se ha engañado a sí mismo ni a nadie a lo largo de su trayectoria deportiva.

Basa su sabiduría en la prudencia, combinando la responsabilidad –que permite medir las consecuencias previsibles de sus actos– con el criterio para decidir qué elegir y qué evitar. Es un hábil intérprete al identificar a quienes poseen las condiciones necesarias para que se cumpla lo planeado.

Bondadoso cuando es necesario perdonar o ayudar. Fuerte y valiente cuando hay que resistir. Justo para lograr igualdad entre personas diferentes, sabiendo diferenciar lo legal de lo legítimo y reconociéndole a cada una sus méritos. Su racionalidad no impide que su instinto e intuición predominen en algunas decisiones.

El Maestro Tabárez es un fiel representante del ser uruguayo o, al menos, de aquellos valores que atribuimos los argentinos a nuestros vecinos: equilibrio, sentido común, sinceridad, modestia. Tiene el don de la discreción, sin necesidad de imponerse por los modos sino por sus argumentos. Convence por estar íntimamente convencido de lo que propone y sostiene. Ha logrado ser una figura referencial que privilegia la sinceridad descartando la demagogia, logrando cercanía sin acortar distancia.

He tenido pocos contactos directos con Óscar Tabárez, pero me gustaría contar lo ocurrido durante un viaje que hice a Uruguay. Yo estaba en el interior del país justamente durante un partido de eliminatorias que se jugaba en el Estadio Centenario. Lo vi en un bar en el que había solo cuatro mesas ocupadas. Antes de que finalizara el primer tiempo, el comentarista televisivo elogió la actuación uruguaya. Mi análisis no arrojaba la misma conclusión. En el entretiempo conversé con un grupo de los presentes y conjuntamente recorrimos la actuación de los once futbolistas uruguayos. Acordamos que habían jugado muy bien el arquero y los dos defensas centrales. La evaluación del resto de los integrantes del equipo no fue positiva. Concluimos que, si los sobresalientes eran los que ocupaban los tres puestos defensivos más cercanos al arco propio, la calificación del rendimiento grupal no podía ser satisfactoria. Por ende, lo que nos contaba el comentarista no coincidía con lo que habíamos visto. Luego, durante el segundo tiempo, Uruguay mejoró mucho y ganó el partido con justicia. Poco después, una filmación de mis opiniones –tomada clandestinamente por alguien de una mesa vecina– fue subida a las redes sociales. Esto me entristeció porque nunca en treinta años de profesión yo había realizado una crítica pública a ningún jugador. Al día siguiente pude comunicarme con Tabárez. Le conté que lo sucedido se había producido en el marco de una charla informal y privada y que ignoraba que alguien la estuviera grabando, pero que igualmente me sentía muy apenado y quería disculparme. Me dio una respuesta breve, tolerante y generosa. Me contestó que coincidía con que el equipo no había jugado bien durante la primera etapa, a lo que respondí que eso no me preocupaba, porque en definitiva se trataba solo de mi opinión. Que lo que realmente me avergonzaba era que esa referencia mía sobre un grupo de futbolistas hubiese tomado estado público. Comprensivamente, me eximió de la culpa que yo sentía, accediendo a extender mis disculpas a quiénes yo había señalado. Los entrenadores somos muy sensibles a las críticas y más aún cuando parten de colegas. Considerando que mis comentarios fueron públicos y mis disculpas privadas, valoré especialmente su bondadosa comprensión. Describo este hecho porque ejemplifica cómo, actitudes naturales en él, engrandecen nuestra profesión.

A continuación, quiero señalar algunos hechos concretos que resumen los logros que valoro de Óscar Tabárez y que me permitieron llegar a las conclusiones expresadas anteriormente.

Ha hecho posible que la imagen y el prestigio de la Selección Uruguaya generen el deseo de pertenecer a ella. La aspiración de formar parte aumenta proporcionalmente al prestigio. La valoración del equipo nacional se ha generalizado y no es necesario constatarla porque su reputación se sostiene.

Sabe transmitir lo necesario para que sus jugadores tengan un adecuado comportamiento tanto en la vida profesional como en la parte pública de sus actos.

Durante más de una década, ha tenido la generosidad de aportar en el proceso de estructuración del fútbol uruguayo en lugar de limitarse a potenciar el rendimiento del equipo de mayores.

Promueve una estructura moderna y de actualización progresiva que integra a todas las áreas que se contemplan en la organización del fútbol de alta competencia.

Maneja sus convocatorias sin afectar el funcionamiento de los clubes nacionales.

Si bien amplió la gama de especialistas que enriquecen el trabajo colectivo de sus asistentes, los colaboradores más cercanos siguen siendo los mismos, poniendo de manifiesto su capacidad para el trabajo compartido. Sabe elegir, convivir y trabajar en equipo.

Piensa el sector juvenil y formativo aportando a la construcción de propuestas que permiten que los cambios generacionales se produzcan con jugadores preparados y maduros.

Construye de manera artesanal los planteles de mayores. Los que llegan lo hacen para quedarse, demostrando que su elección ha recorrido todos los pasos necesarios para garantizar permanencia y estabilidad.

Ha convencido a los dirigentes uruguayos para que apoyen y materialicen su proyecto. El centro de entrenamiento se ha convertido en la casa del equipo. Ha sabido implementar lo necesario y lo útil sin excesos y sin lujos. Las instalaciones son suficientes, transmiten armonía, calidez y austeridad. Sencillez, pero también calidad. Amor y cuidado por lo que se posee. Un campo sintético techado –al estilo inglés– indica que todas las necesidades prioritarias iniciales ya han sido resueltas. La sabia consigna pareciera ser: poseer solo aquello que se necesita, se sabe utilizar, se puede cuidar y mantener. A su vez, la biblioteca señala la forma en que se entiende al futbolista profesional. Denota una preocupación por estimular su sensibilidad, su intelecto y su cultura. Un recorrido histórico por sucesivas imágenes del lugar muestra la ininterrumpida evolución de las instalaciones y del equipamiento.

Por último, quiero expresar lo que considero el reflejo más significativo de su trabajo: ha desarrollado sentido de pertenencia e identificación. Reconocimiento y valoración por el estilo desplegado y, como consecuencia, imitación del método propuesto.

Cuando llegue el momento, los profesionales uruguayos que lo sucedan, comenzarán su tarea sobre una base sólida de indiscutible valor. Claramente, esa base es el legado de un maestro.

«¡HOY ENTRAMOS 11 Y SALIMOS 11!»

Diego Forlán

«¡Hoy en ...