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LOS TEROS

José Ignacio Chans  

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Fragmento

El capitán Diego Ormaechea le preguntó al juez: «¿Cuánto falta?». Y el juez le respondió: «Felicitaciones, ya están en el Mundial». Quedaba una jugada aún, pero la diferencia era ya indescontable. Los Teros perdían 18-21 ante Marruecos en Casablanca, pero como en el partido de ida en Montevideo habían ganado 18-3, esos 12 puntos de diferencia global eran suficientes para saber que, ese 1.º de mayo de 1999, la Selección uruguaya de rugby clasificaría por primera vez a una copa del mundo.

Lo que no había podido ser en 1993, cuando le habían faltado apenas 10 minutos a la hazaña de ganarle a Los Pumas argentinos en el Parque Central y clasificar a Sudáfrica 1995, se lograba en 1999 a miles de kilómetros, en una tierra especialmente hostil, al punto que el plantel había pasado la semana del partido en Madrid y recién había cruzado a Casablanca 48 horas antes del duelo. Muchos jugadores habían tenido que dormir la noche anterior tirados en los pasillos del hotel donde se hospedaban, que había sido elegido por los locales porque estaba arriba de una discoteca.

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Así, con mucho de heroísmo y de romanticismo amateur, se gestó la primera clasificación de Los Teros a una copa del mundo. Se los había planteado en 1994 Atilio Rienzi, presidente de la Unión de Rugby del Uruguay (URU) tras una gira por Sudáfrica. Como diría Ormaechea muchos años después: «Nos hablaban de ir al Mundial y era como ir a la luna».

Cinco años después, allí estaban, los astronautas del rugby uruguayo, peleando heroicamente ante Escocia (12-43) y Sudáfrica (3-39), obteniendo la primera victoria en un mundial, ante España (27-15). La gente habló del scrum de Uruguay, que dominó a escoceses y sudafricanos.

Luego vino 2003, con otra clasificación épica, ganándole de local en el Estadio Saroldi a Estados Unidos, Canadá y Chile. En el Mundial de Australia se sintieron las diferencias entre el amateurismo uruguayo y un profesionalismo que empezaba a despegar: derrotas amplias ante Sudáfrica (72-6), Samoa (13-60) e Inglaterra (13-111). De todos modos, aquellos Teros también entraron en la galería de la historia grande del rugby uruguayo, porque, como en 1999 contra España, en 2003 se volvieron a Uruguay con otra victoria, ante Georgia 24-12.

Luego llegó un lento pero inexorable proceso de deterioro, en el que el rugby uruguayo se alejó de los valores que en este deporte se enseñan desde que el niño entra a una cancha y la pelota es más grande que él: que la autoridad se respeta, que sin sacrificio no hay premio, que las estrellas están en el cielo, y que como la pelota no se pasa hacia adelante, hay que avanzar siempre con el compañero al lado. Que el compañero es un hermano, y que cuando cae al piso se lo protege, pero que el adversario nunca es un enemigo. Y que el tercer tiempo es sagrado, porque es el momento de encontrarse con ese adversario y darse un abrazo.

Pasaron peleas, crisis, refundaciones, planes mesiánicos, más peleas. Y al final de ese camino, ...