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HORóSCOPO CHINO 2021

Ludovica Squirru Dari  

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Fragmento

PRÓLOGO 2021

Hoy en Buenos Aires es un día tan sofocante como aquel en que inicié la gira del año de la heavy metal rata.

Era fin de septiembre en Córdoba, Traslasierra, y después de meses de sequía, un viento huracanado soplaba como el aliento del diablo, acompañado por un abrasador calor que no coincidía con la estación.

Unos días antes, mi único hermano varón, MIGUEL, había desencarnado hacia su viaje celestial; la casa de la familia en Las Rabonas había detenido el tictac para la venta, después de nueve meses de eclipses familiares que me ayudaron a dibujar nuevamente el genoma familiar que se había diluido en mi memoria.

Estrenaba editorial y encontraba nuevas personas en cada país, ciudad, pueblo que recorría con mi nuevo retoño.

Salir de Feng Shui, mi casa, es siempre una experiencia agridulce.

Catman sufre mis viajes de gira cuando no me acompaña, y la relación se torna del estilo “cumbres borrascosas”.

Estaba inquieta; tanto calor en esa primavera anunciaba malos presagios.

GUILLERMO, el tigre taxidriver, me buscó al alba. Me esperaba un largo periplo: debía cruzar las Altas Cumbres hasta el aeropuerto de Córdoba para tomar el vuelo a Buenos Aires y desde allí abordar el Buquebus para llegar a Montevideo al anochecer. Iba a tener que viajar todo el día: por tierra, aire y agua.

A poco de andar, cuando llegamos al pueblo de Nono, vimos que el fuego se expandía detrás de las míticas lomas, justo donde está el campo fundacional1.

Y, como aún era de noche, se veía claramente que las llamas llegaban altos.

−UYYYYY −le dije−, se están quemando mi campo y la zona.

−Sí, así parece, Luli.

Y al bajar las ventanillas notamos que el humo ya flotaba en el lugar.

¡¡DIOS MÍO!! ¡Otro incendio en el valle!

Con esa imagen me fui y mi corazón arrítmico sufrió un extraño presentimiento.

Embarqué el vuelo en medio de mi abstracción, y ya ubicada en primera fila, pasillo, un señor se sentó en mis faldas: ¡qué SORPRESATTA! Era Gerardo Romano, a quien no veía desde hacía veinte años.

Amansadora dentro del avión por paro de sindicatos, y al fin un señor amable que me transportaba −aún envuelta en el fuego que me laceraba el alma− hacia el puerto para embarcar en el buque PAPA FRANCISCO, que me acunó en el cruce del Río de la Plata hasta llegar a mi amada Montevideo.

Allí me esperaban JULIÁN y VIRGINIA, quienes me recibieron en medio de un aguacero que nunca deseé tanto que llegara a mi zona, para apagar ese cruel incendio.

Mi amado Radisson, cuarto presidencial y a dormir bien, pues la agenda charrúa era fuerte, amena y muy mediática.

En URUGUAY los periodistas de los medios más importantes me conocen y requieren.

Cada nota fue seria, respetuosa, llena de vitalidad, y en los programas de TV lucí la rata de metal talismán que se ve en la tapa del libro y que hipnotiza a la gente.

Compartí un desayuno en el Centro Cultural de España con los libreros de Uruguay y les conté qué traía esta rata de metal escondida en su aparente glamour.

Creo que en treinta y seis años de presentar el anuario chino nunca lo había hecho en la Feria del Libro en Montevideo.

Tuve el honor de recibir a lectores, amigos y fanes en el Salón Azul y llenarlo, compartiendo el escenario con la coautora ANA ISABEL VENY.

La estadía fue con lluvia, chaparrones y claroscuros.

Rezaba para que llegara al valle serrano, que a través de Cat y amigos sabía que ardía y se encontraba en estado de emergencia.

Además, esa zona fue arbitrariamente incendiada para expropiar campos y facilitar el acceso a la doble autovía bioceánica que proyectan para destruir los bosques nativos, último pulmón de Traslasierra.

AYYYYY, URANO EN TAURO; aún me quedan seis años para atravesar situaciones de ciencia ficción en mi lúdica existencia.

Cuando sale el anuario, en este caso prematuro (octubre), los medios argentinos me reclaman.

La cábala no falla si vas a lo de MIRTHA LEGRAND, y como siempre me entregué al resto del zoo ese día, y a la anfitriona, que me dio espacio para desarrollar las predicciones.

Conocí a GABRIEL VINDEROLA, hombre del CONICET, de gran trayectoria con el tema de bacteriología, y lo convoqué para que nos ilustre en nuestro libro de este año con su científica explicación de la microbiota.

La simpatía fue mutua; como buen búfalo de agua cumplió con lo prometido, y cuando llegué de la gira en febrero tenía su magistral capítulo, que cedió AD HONOREM.

Continué la prensa en radio con buenos reportajes, entre ellos destaco el de JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ; los LEUCO, padre e hijo; FERNANDO BRAVO, REYNALDO SIETECASE y radios del interior.

El día del cumpleaños de John Lennon, 9 de octubre, presenté el libro en EL ATENEO, con una larga fila de fanes y lectores que, a pesar de un gran chubasco, se acercaron a la librería, considerada una de las mejores del mundo.

El feedback en radios porteñas demostró una vez más el interés del público por “lo que nos pasaría” en Argentina, sobre todo frente a nuevas elecciones presidenciales.

De Buenos Aires a Rosario, ciudad que amo y que marcó siempre mis giras con gran convocatoria.

El centro FONTANARROSA fue el lugar del libro chino; allí convoqué a DEEPAK ANANDA, que escribió un capítulo sobre astrología hindú, y es rosarino.

Fuimos un dúo bellísimo que sintonizamos el clima que había allí y ambos cerramos firmando libros en el lugar.

La nota con el amado CARLOS BERMEJO, ícono rosarino, transcurrió con la cordialidad y agudeza que lo caracteriza.

Luego una visita al bar EL CAIRO, y a despedirnos del amable SAVOY rumbo a Córdoba.

Allí el 22 de octubre fui convocada por MARÍA BELÉN FUNES LASTRA, una mujer que mueve el amperímetro de la ciudad y −junto a otras mujeres macromambo− organiza desde hace décadas “CORONADAS CON GLORIA VIVIR”.

Conocí mujeres notables cordobesas, periodistas, escritoras, médicas, psicólogas que contaron sus vidas y me conmovieron profundamente.

El TAO (camino) nos regaló un encuentro en la ciudad con ANGÉLICA OLVERA DE MALPICA, amiga y consteladora mexicana, y ambas decidimos integrar un capítulo de constelaciones familiares en el libro del búfalo, ya que representa a la familia en China.

Luego unos días en Feng Shui, haciendo alineación y balanceo previos a la gira a Chile, que nunca ocurrió porque se desató la gran movilización popular que aún persiste, sin soluciones para el hartazgo de un pueblo ante tanta desigualdad social.

La editorial tiene un estilo que me parece muy interesante: promocionar con los libreros de cada región o provincia los libros que salen en la temporada.

Así debuté en Córdoba a fin de agosto, y luego en noviembre en Mar del Plata, donde nos reunimos en TÍO CURZIO. ¡Ayyyy. qué déjà vu!

MAR DEL PLATA siempre es cálida, amorosa, y además conozco a muchos libreros de la región, con quienes compartimos giras y veladas.

Retorno a Buenos Aires, más prensa, medios y captar que la rata estaba seduciendo e hipnotizando a los lectores, pues los mails y reconocimientos sumaban millas.

Estaba entusiasmada con la gira que me esperaba en Latinoamérica. Catman aceptó acompañarme, agobiado por la nube negra que flotaba en el país preelecciones.

Primer destino: COLOMBIA, país que llevo under my skin, por muchas historias en mi juventud, amigos y también porque mis libros llegan (según la editorial de turno) como el loto2.

Tenía un fin de semana libre y decidí retornar a CARTAGENA DE INDIAS, antes de la agenda chamaca.

Fue un viaje delicioso, almibarado, con escala en BOGOTÁ, en un vuelo que como un pájaro caribeño nos depositó en la colorida y agitada Cartagena.

Hacía un katún (veinte años) que no estaba allí.

Catman debutaba en este destino, del cual le había contado tantas visitas con amigos que aún tengo allí.

PATRICIA ARENAS fue quien organizó el deslumbrante lugar donde nos alojamos: CASA QUERO, antigua mansión de un virrey, reciclada y con la vegetación y el buen gusto que destilan las casonas en la ciudad vieja.

Llegamos como dos fugitivos sedientos en el desierto. Fue un largo viaje desde Buenos Aires, y necesitábamos desensillar.

La amabilidad de las mujeres del lugar, su tono suave de voz, y un agua helada con limón y jengibre mientras hacíamos el check-in nos resucitaron.

Subimos unas escaleras dignas de la época de la monarquía, y ante nosotros se abrió una suite con balcón a la calle que nos flechó instantáneamente. Los techos de siete metros y medio de altura nos sugerían un amplio espacio para ventilar nuestra relación, que falta hacía, y mucha.

El baño con su gusto delicado en toallas y ámbitos independientes para confesiones de vidas pasadas nos inspiró para ducharnos y salir a comer algo en la tórrida noche.

Enfrente estaba LA MULATA, el restaurante más simpático y divertido, lleno de bullicio y mujeres que por un plato de comida ofrecían a extranjeros sus bellos cuerpos.

Sacamos fotos para mandar a los amigos con los cuales compartí al menos tres viajes en mi vida.

Y dormimos como angelitos.

El sopor de la mañana nos noqueó.

CARTAGENA es todo el año un horno de barro encendido; y bajamos a desayunar extasiados por el ámbito donde los huéspedes podíamos saborear el mango, la papaya, el ananá naturales, sin haber estado congelados, y el mejor café del mundo.

Después nos zambullimos en sus calles, gente, casas, balcones, esquinas, bares y el fervor de los puestos callejeros que eran cuadros vivos para que “Blow up” gatillara su camarita sin que lo notaran.

AYYYY, qué deleite estar allí nuevamente.

GRACIAS A LA VIDA.

Sorpresivamente pasamos por una librería que tenía el libro de la rata en vidriera.

“GUAUAUAU”, dije.

Al entrar y presentarme, el encargado nos comentó que el libro había llegado el día anterior, al unísono con nosotros.

Gran sorpresa para mí y ellos, y prometí volver a dar una charla y firmar allí.

Nos metimos en un barcito tan bello y delicado como el café y el jugo que tomamos.

A nuestro lado un proxeneta, creo que argentino por el acento, con una adolescente transando pasajes y vuelos vía Paraguay.

Recorrimos a la tarde –y el último día de noche– la ciudad, que es una de las más fascinantes de Latinoamérica.

Nos bañamos en la pileta que está en la terraza y desde allí disfrutamos un atardecer fucsia de la ciudad.

Catman estaba muy molesto por la térmica, decía que jamás volvería, a pesar de estar atónito con lo que veía en cada cuadra, esquina, recoveco y sobre todo la muralla vieja que visitamos una mañana en la que el sol caía como soplete sobre nuestros cuerpos.

Cada lugar de alto turismo mundial tiene “el lado oscuro de la luna”, y cuando partimos a media mañana al aeropuerto, debido a

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