Loading...

GERARDO NIETO

Carlos Hernández Grene  

0


Fragmento

A modo de introducción

Así comenzó a escribirse este libro.

Fue en enero de 2017 cuando comprendí que era el momento de llamarlo y de iniciar el proyecto de escribir su historia. Durante meses pensé en cómo abordar la biografía tan esperada por mucha gente, y contar, a través de sus vivencias, cómo fue la hermosa década del noventa, sobre todo desde un género musical tan popular como el tropical. Llegué a mi casa directo a la barbacoa, para llamarlo desde allí.

–Hola, Gerardo, te habla Carlos Hernández; te entrevisté en 2014 para Radio Imparcial.

–Me acuerdo de vos.

Así respondió Gerardo a aquel llamado. Entendí inmediatamente que aquel encuentro, años atrás, había significado para él una entrevista diferente, un mensaje distinto. Las entrevistas no solamente son especiales para el público, también lo son para el artista. Para mí, en el rol de comunicador, esa entrevista fue también diferente. Había pasado un largo tiempo y Gerardo me recordaba. Seguramente aquella invitación para viajar a sus recuerdos era muy importante para él.

Nuestra primera entrevista fue en los estudios de Radio Imparcial, en el 2014, y previamente a aquel encuentro sucedió algo que se convertiría en una anécdota, y que terminó acercándome más hacia Gerardo como particular referente.

En aquel momento yo grababa Entrevistas a la carta desde un resto pub en el barrio Buceo, y me enojé mucho con su dueño cuando me argumentó que Gerardo no era para ese ambiente. Mordí los dientes con enojo y entendí que aquel sujeto no merecía escuchar la experiencia de una persona a quien el público ha convertido en referente. Porque para mucha gente, Gerardo Nieto es un referente.

Yo no lo conocía personalmente, pero su expresividad en entrevistas que había escuchado, y su particular paz al hablar, eran señales que se me presentaban como puntos atractivos para la entrevista.

La tarde previa al encuentro en el pub me llamó para disculparse porque no podía concurrir. ¿Acaso esa energía negativa había llegado hasta él? Así lo creí. Increíblemente, como el programa se emitía el sábado al mediodía, prometió estar personalmente. Esa noche no hubo entrevista en el resto pub, y dos semanas después me estaba mudando para el Mercado Agrícola de Montevideo. No llegué a tolerar cómo aquella persona había subestimado a un artista a quien no conocía.

***

El programa salía por radio en diferido todos los sábados al mediodía, pero mi temor era que Gerardo no pudiera concurrir. Es un músico que trabaja en la madrugada, podría estar cansado y quedarse dormido. A falta de minutos para el mediodía y con un plan B por mi parte, por si acaso, Gerardo Nieto ingresó al estudio de Radio Imparcial. Su aspecto era el de un hombre devastado por la jornada de trabajo y abrigado en exceso. Días antes había tenido una gripe de la que aún quedaban secuelas. Pero había llegado y estaba ahí. Me saludó y recordó su promesa:

–Te dije que venía.

En lo personal, preparar aquella entrevista fue un desafío, porque de él no sabía mucho; conocía su breve pasaje por el carnaval, su consolidación como músico en el grupo tropical Karibe con K, y en una nota publicada en un diario leí que siempre vivió entre los barrios Cerro y Casabó. Su participación en programas de televisión siempre era acompañada por otros invitados, y no me permitía discernir entre el artista y el referente. Yo iba por el referente.

Cuando Gerardo hablaba, su voz me ponía en una sintonía de paz, y esa manera de expresarse se conjugaba con una mirada cálida, profunda. Tomé esas características como señales de que iba a encontrarme con una persona extremadamente sencilla y muy natural.

En segundos le expliqué la dinámica de la entrevista y su recorrido a partir de la niñez. Me miraba intrigado. Yo le sugería hablar desde un lugar sobre el cual a nadie le interesó nunca hacer énfasis. Le dije que íbamos a realizar un viaje, con la consigna de que nosotros seríamos los guías y los oyentes nuestros pasajeros.

El relato de Gerardo fue específico, tenía emoción, sus recuerdos revivían en ese estudio de radio y los compartía conmigo.

La primera parte de la entrevista pareció ser lo más parecido a una charla entre dos amigos que recordaban su infancia y adolescencia. Yo de músico no tengo nada, pero los valores con los que fuimos educados en aquel Montevideo era nuestro punto en común. En determinado momento los ojos de Gerardo se emocionaron al hablar de sus primeros años de juventud, y de su padre, que hacía años no estaba. Lo acompañé con lágrimas sostenidas. Su relato me atrapó, me llevó a un momento de mi vida que amo y recuerdo siempre. Esa narración está presente en los primeros capítulos de este libro.

***

Había pasado un año desde la entrevista en los estudios de Radio Imparcial, y Entrevistas a la carta ya se grababa desde el Mercado Agrícola de Montevideo. Varios referentes de distintas áreas de la cultura habían sido ya entrevistados allí y me parecía que Gerardo debía tener la experiencia de hablar de su vida frente a un público muy interesante que los días miércoles acompañaba al programa desde la plaza de comidas. Aceptó. Cuando Gerardo ingresó al Mercado, la gente lo rodeó para saludarlo. Él le dedicó tiempo a cada una de las personas que se le acercaron. Teníamos un público adulto, de unos cuarenta y pocos años. Quizá eran aquellos que en la década del noventa hicieron fuerte a la música tropical en nuestro país.

La entrevista comenzó y con ella el relato cálido, detallado y preciso de Gerardo. Repetimos escenas del encuentro que habíamos tenido en la radio el año anterior. Describió un barrio Cerro de trabajadores, de gente con silla y mate en la calle, de “gurises”

Recibe antes que nadie historias como ésta