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ENTIENDE A TU GATO

Pablo Sehabiaga  

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Fragmento

A modo de prólogo

Supongo que la experiencia del vínculo afectivo es un universo en sí mismo. Que las necesidades, así como la predisposición o apertura al vínculo, son condiciones dinámicas, atadas al incesante movimiento interno y externo de cualquier ser vivo.

Como sé que describir su esencia es intentar atrapar el aire con una red, lo que intentaré es confesar las cosas que yo sé que aprendí directamente de la observación y la enseñanza impartida de esta pequeña compañera de vida que me tocó, cuando unos ocho años atrás me dijeron que debía alojar a una gata, que por entonces ya tenía cuatro años de edad.

Lo primero que aprendí en esta convivencia fue a eliminar de mi cabeza el paradigma mental que me indicaba que no hay sabiduría posible por fuera de la condición humana. De no haber mediado su intervención me hubiese resultado imposible

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