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EL NANDO

Pablo Muró  

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Fragmento

Su infancia y los inicios

Aquel caluroso enero de 1973 no sería uno más. El uruguayo medio no lo sabía aún, pero luego de derrotar a la guerrilla tupamara en el 72, por aquellos días las Fuerzas Armadas venían tramando el Golpe de Estado al gobierno constitucional, reuniéndose entre bambalinas con algunos dirigentes políticos y hasta con la cúpula guerrillera (que estaba presa), coqueteando y dejándose coquetear por unos y por otros en una suerte de flirteo a tres bandas. Pero ese “verano caliente” (tal como se lo llamaría tiempo después) también lo era a nivel futbolístico y particularmente en la interna de Peñarol. Lejana parecía aquella gloriosa década del 60 en la que el equipo había ganado todo lo que había por ganar, donde no solo la supremacía de un grande sobre el otro había llegado hasta límites desconocidos (y nunca más igualados, por cierto) sino que el nombre Peñarol había trascendido las fronteras de América y era reconocido en el mundo entero como uno de los más grandes equipos de fútbol de su época. A nivel local, en los 11 años entre 1958 y 1968 los aurinegros habían ganado nueve campeonatos uruguayos, incluyendo tres de ellos en forma invicta, y un Quinquenio. Y, además, a nivel internacional, tres copas Libertadores y dos intercontinentales (además de haber llegado a otras tres finales de Libertadores –perdidas–, pero en aquel entonces eso no daba para enorgullecerse). Nacional, en tanto, apenas si había conquistado dos campeonatos uruguayos aislados y a nivel internacional el mayor logro había sido llegar a tres finales de Libertadores, sin poder saborear la gloria.

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Pero los años pasan su factura y hacia 1969 aquellos inolvidables equipos aurinegros ya no eran los de antes. La mayoría de los gloriosos ídolos habían abandonado el Club (algunos por haberse retirado, otros –jugando ya a menor nivel– habían emigrado), al tiempo que el recambio generacional (a pesar de los grandes jugadores que se incorporaban) no daba sus frutos. Al mismo tiempo, el rival de siempre finalmente consiguió aprovechar el declive aurinegro y en forma simultánea generar un equipo de calidad que lo llevaría a recuperar algo de su herido orgullo. Así fue que en 1971 conquistó su primera Libertadores y hacia diciembre del 72 su cuarto Campeonato Uruguayo consecutivo. Con este envión anímico, en aquel enero del 73 la prensa deportiva uruguaya casi que de lo único que hablaba era de los refuerzos que traería Nacional para asegurar su anhelado Quinquenio. El principal candidato era un juvenil de 19 años llamado Fernando Morena que a fuerza de goles venía destacando en River Plate. Los tricolores soñaban con una temible delantera: Cubilla-Mamelli-Morena. Ya disfrutaban por adelantado...

De lo otro que hablaba la crítica día tras día era de la enorme crisis de Peñarol. Es que en esto de los clásicos rivales las glorias de uno traen aparejadas las crisis del otro. Los esfuerzos económicos que le demandó a Peñarol traer figuras de renombre que, por sí mismas, generaran el quiebre que el equipo como tal no conseguía, asociados a las muy magras recaudaciones, habían sido en los últimos años las semillas de esas malas hierbas. Por otro lado, para un hincha aurinegro que se había acostumbrado a las glorias máximas, las escasas alegrías a nivel internacional en este período1 eran casi imperdonables. Y, por último, había que cortar con el tan añorado Quinquenio tricolor y una dolorosa racha de nueve clásicos sin ganar (cuatro perdidos, cinco empatados) que se arrastraba desde febrero de 1971.

Pero si lo deportivo era un desastre, la situación política no era mucho mejor. Hacia fin de año el Cr. Gastón Guelfi, el presidente más laureado de la historia aurinegra, cansado tras 15 años de ininterrumpida presidencia, había manifestado públicamente que no se presentaría como candidato en las elecciones previstas para fines de enero, aunque un grupo de asociados (con Cataldi a la cabeza) no se daban por vencidos y trataban de convencerlo de postularse por un período más. Y si la situación política podía definirse como de incertidumbre, a nivel económico la única certeza era que se estaba en una profunda crisis: el 13 de enero los jugadores se rehusaron a continuar con la pretemporada si no se les abonaban los sueldos del mes de octubre. Tras una reunión con los dirigentes, los jugadores se mantuvieron en su postura de entrenar por su cuenta. Y por si algo faltaba, el 22 de enero Peñarol pierde el primer clásico de la temporada (2-3 por la Copa del Atlántico). Décimo clásico al hilo sin ganar. Se había tocado fondo. Había que hacer “algo”, urgente. Aunque nadie sabía bien qué.

Felizmente “algo” apareció, bajo la forma de un tremendo goleador que cambiaría la pisada, se convertiría en uno de los más grandes ídolos aurinegros de la historia y en el más grande goleador que esta futbolera tierra supo dar.

* * *

Mil novecientos cincuenta y dos. Uruguay, “la Suiza de América”, estaba en su apogeo: el país crecía y se desarrollaba arrastrado aún por Europa y los Estados Unidos quienes, reponiéndose de la Segunda Guerra, demandaban nuestra carne y lana en forma creciente. La clase media se desarrollaba, la inmigración se había afincado y el sueño de hacer “la América” era más real que nunca. Para mejor, Uruguay había vuelto a ser Campeón Mundial en fútbol lo que –además del natural orgullo– le daba al país un empujón fenomenal hacia la consolidación de una identidad nacional.

En ese Uruguay nació Fernando Morena. Lo hizo un sábado, el 2 de un febrero bisiesto. Fue el tercer hijo del matrimonio de Lidis Morena y doña Gladys Delfina Belora (Lito y Pola), quienes por aquel año vivían en Punta Gorda. “Mi padre vino a Montevideo desde Sarandí Grande, Florida. Y se vino a vivir a la casa de unos familiares suyos”, comienza recordando nuestro personaje en entrevista para este libro. “Empezó trabajando en el Club de Golf. Él era muy, muy trabajador y muy inteligente, pero no tenía capital propio. Hizo de todo; empezó de bien abajo, limpiando, y después fue subiendo. Trabajó de barman y terminó de encargado del restaurante”.2 “Mi infancia fue, no maravillosa, pero casi. [Vivía] con mis viejos y con mi hermana Alicia, que tiene unos años más que yo y era como una segunda madre para mí. Vengo de una familia de clase media trabajadora, sin dificultades económicas, aunque no comía jamón todos los días. Nací en Punta Gorda en la calle Siria entre Líbano y San Marino. Mi madre me tuvo en esa casa porque no hubo tiempo para llevarme al hospital. La ayudó una vecina. Después de ahí nos fuimos a vivir frente a la cárcel de Punta Carretas. Mi madre atendía el almacén Fernandito que estaba donde hoy es La Perdiz”3 según la Revista 17 Deportes. “Yo tuve otro hermano, Rodolfito, a quien no conocí, ya que nació en 1948 y murió a las pocas semanas. Para mis padres fue bastante traumático. Y tal vez por ello cuando nací yo, sobre todo mi madre se aferraba mucho a mí. Pero puedo decir que mis dos padres me adoraban. También mi hermana, Alicia, que era 7 años mayor que yo y me mimaba y me cuidaba...”, recuerda con nostalgia Fernando.4

“Fui al Colegio San Francisco de Sales [hoy Maturana]. Mis padres querían mandarme a los Salesianos, pero el Pío era muy lejos y los Talleres Don Bosco no tenían liceo, así que me quedé en el San Francisco. Fue uno de los aciertos más grandes de mis padres porque era un colegio bárbaro”.5 Fernando considera no haber sido buen estudiante, pero “tenía buena memoria, lo que me ayudaba mucho. Me apasionaban los idiomas y un verano me anotaron en la Alianza Francesa. Me faltó dar el examen de cuarto año donde prácticamente me recibía como profesor”.

Inscripto en el Maturana, intervino en los campeonatos internos que allí se disputaban. Y a la temprana edad de seis años viste su primera camiseta... la de Peñarol, ya que esta fue la elegida por el capitán de su equipo. Al principio, con cierto disgusto –ya que a instancias de su padre Fernando era hincha de Nacional– se puso la camiseta y pidió que la suya fuera la número 9. Cuenta la leyenda que el día del primer partido, cuando su papá lo fue a ver, Fernando se acercó un tanto temeroso de lo que pensara su padre y le dijo... “si querés me la saco”. La sonrisa de Lito le alivió la responsabilidad y, con una aurinegra en el pecho, comenzó la carrera del más grande goleador que diera este país.

En el 57, comienza a ir al fútbol con su padre. “Mi padre era hincha de Nacional y yo también. Iba siempre. Del 58 al 68 casi no falté... y eso que me ‘comí’ todos los clásicos de Spencer y Joya”. Su ídolo era Roberto Sosa, “que era un golero notable que tuvo la mala suerte de coincidir con el mejor Peñarol de todos los tiempos. Otro, el Chongo Escalada, que tenía un quiosquito en la calle Goes y cuando mi padre me podía ir a buscar al colegio, a veces a la vuelta pasábamos por ahí. Lo veías, un moreno grandote, era una pared”.6

La familia es bastante nómade y se muda seguido. De vivir frente a la cárcel, pasa la calle Julio María Sosa y luego a Patria 539. Todo ello en muy pocos años. Al fútbol por entonces jugaba en el colegio y en la calle, con amigos. “Nos íbamos al campito que había entre la cancha de Defensor y la Facultad de Ingeniería. Íbamos a jugar los domingos de mañana. Nosotros llevábamos los palos y llevábamos unos zapatos de fútbol que tenían los tapones clavados. Íbamos caminando. Y cuando volvíamos, no había ningún tapón... ya era una suela lisa... Los domingos de tarde, con la barra de amigos íbamos o al fútbol o al Casablanca o al Biarritz, que eran los cines de 21 y Ellauri. Después empiezo a jugar al básquetbol. El presidente de El Faro era don Zelmar Michelini. Yo jugué con sus hijos al básquetbol. [...] En el 63, en el gimnasio de Defensor en Jaime Zudáñez, se hace un campeonato de fútbol donde juega YMCA [la Asociación Cristiana de Jóvenes], otro equipo que no me acuerdo, Tabaré y El Faro. Nosotros jugábamos al fútbol con la camiseta de bretel, la de básquetbol. Y salimos campeones. Yo hice 16 goles en 4 partidos”. Algunos días después (por ese entonces la familia vivía en Viejo Pancho 2568), un señor desconocido llama a la puerta y dice que quería hablar con Morena, “el que juega al fútbol”. Era el profesor Julio Gioscia, que dirigía al baby de Defensor y quería que Fernando jugara con los violetas. En ese entonces había una rivalidad grande entre El Faro y Defensor, al básquetbol. Y le dijeron “Fernando puede jugar al baby fútbol con Defensor, pero no puede jugar al básquetbol”.7

A Fernando no le costó tomar la decisión de jugar por Defensor. Tenía 11 años, hizo 54 goles y el club salió campeón invicto. A mediados de esa temporada participaron en la Copa Crush que televisó Canal 12 y también viajaron a Buenos Aires (1964), en las cruzadas rioplatenses. Aunque parezca mentira, ya en ese momento se interesó por él Vélez Sarsfield, quien incluso hasta estaba dispuesto a pagarle los estudios. Vélez estaba muy bien y aprovechando que su padre había viajado a ver el campeonato (era Semana Santa) los directivos le ofrecen trabajo a Lito en Buenos Aires para que se trasladara toda la familia. Lito agradece el ofrecimiento, pero lo rechaza gentilmente.

“De regreso disputó los campeonatos Preparación y Uruguayo, siempre de baby fútbol. Salieron campeones, con más de 100 partidos invictos. [...] En el año 1965 vuelve a la vecina orilla con el América. Era el mismo plantel de Defensor al que habían cambiado el nombre y la casaca. [...] En 1966 integró la selección de la Liga Palermo y otro viaje a Buenos Aires ya con 14 años y casi excediéndose de altura para continuar en los babies”.8

A comienzos de 1966 la etapa del baby fútbol había quedado atrás. Era momento de comenzar la carrera en Inferiores. Y a principios de aquel año Fernando se presenta en el llamado a aspirantes para la Quinta de Nacional. “Practicábamos atrás del Parque Central, en la cancha sobre la calle Urquiza detrás de la sede. Un día llego como siempre a las prácticas y unos amigos me dicen: ‘quedamos afuera de la lista; a vos te sacaron porque hacías demasiados goles...’. Nunca me olvidaré de esa frase. Me pasé todo el verano en mi querida playa Ramírez y cuando empecé cuarto de liceo (1967, 15 años recién cumplidos), Jorge Siviero, que era compañero mío, me convenció para ir a jugar a la Quinta de Racing. Me fichan, juego los primeros cuatro partidos, me expulsaron frente a Peñarol y decidí no ir más”.9 Por esos días en Nacional se enteran que aquel Morena que no habían querido, había fichado por Racing. Entonces el delegado de Quinta División fue a hablar con Lito. Pretenden convencerlo de que Fernando vuelva a Nacional y hasta le sugieren que el chico no juegue más en Racing de forma de no cumplir con la cantidad mínima de partidos requeridos a fin de año quedar libre y volver a Nacional. “‘Me parece perfecto lo que usted dice’, le dijo mi padre. Y cuando se fue me dice: ‘eso no se hace...’”.10

A comienzos del 67 Fernando comienza preparatorios en La Mennais. “Entonces Luis Silva, que había sido compañero mío en el colegio y el liceo, me convence de ir a River Plate. Tras algunos partidos en donde convertí varios goles me ficharon y ahí comenzó a nacer el gran cariño que le tengo a River. Entrenábamos una vez por semana y a veces ni 11 éramos. Ese año conseguimos nada más que 3 puntos en el campeonato, pero yo hice 14 goles en 12 partidos, coronándome goleador del torneo.”11 “El técnico de la primera, Ranzone, al terminar el campeonato, en octubre, me subió al plantel principal. Después me enteré de que le había dicho a Castro Quintela, presidente de River: “este chico ‘algo’ tiene...”12. “Era un plantel lleno de ídolos de River que el año anterior habían conseguido el ascenso a la A: Castro, Mazzei, Davoine, Ramón Silva, Zubía...”.13

A pedido de Juan Carlos Ranzone, para la temporada 68 Fernando es ascendido a Tercera, categoría en la que debuta de setiembre frente a Sud América en su cancha. Tenía 16 años. Ese año fue “muy importante para mí, porque además de mi presente futbolístico, en La Mennais me hice amigo de Pepe Cataldi, hijo de Washington, que estudiaba conmigo. Recuerdo que iba a su casa a comer y Cataldi me decía: ‘El único hincha de Nacional que come en esta mesa sos vos’. En ese momento comencé a ir al Estadio a ver a Peñarol, iba con Pepe al vestuario y veíamos a figuras como Spencer, Joya, Rocha... eran ‘enormes’, no solo físicamente; imponían un gran respeto”.

Morena comienza jugando la temporada del 69 en la Reserva de River, pero ya practica con la Primera. Ranzone se había ido y la dirección técnica estaba a cargo de Luis Borghini, a quien Fernando recuerda con mucho cariño. Realiza la Pretemporada con el plantel principal y hace una gira por el interior del país. “Y ahí yo tuve una de las mayores enseñanzas de mi vida. ¿Sabés cómo me decían cuando ascendí a Primera? Porque no me decían ‘nene’, ni ‘guacho’, ni ‘pendex’, ni nada por el estilo. Me decían ‘Fernando’. Yo tenía 16 años. Gente que me doblaba en edad, que tenía un recorrido en el fútbol brutal, como Mazzei, como Santana, el Negro Aguirre, el Goyo Peralta, el Manteca Mederos... Y esas son cosas que te marcan, porque es un tema de respeto. Al que sube de abajo, no lo podés pisotear, porque entonces vos no servís para nada como persona. Y yo me sentí muy respetado, muy a gusto”.14

Promediando el Campeonato Uruguayo, el domingo 5 de octubre, última fecha de la primera rueda, finalmente se produce el debut de Morena en Primera División, contra Bella Vista en el Nasazzi, en una cancha embarrada por la intensa lluvia. Increíblemente Borghini lo manda directamente de titular, sin haber hecho nunca banco. Aquella tarde histórica Fernando debuta con el número 7 en la espalda, de puntero derecho. “Es que el 9 era Oscar Zubía, un gran delantero”, recuerda Fernando a la distancia. “Pero a Zubía le gustaba mucho tirarse a las puntas, lo que me dejaba a mí para ir bastante por el centro. Igual, yo jugaba donde me pusieran”.15 De acuerdo al cronista de El Día que cubrió aquel partido, Morena mostró “solo algún chispazo, pero sin trascender”.16 Fue sustituido a los 22 minutos del segundo tiempo por Larrosa.

Fernando había cumplido uno de sus sueños y tenía una enorme confianza en sus condiciones, pero a pesar de haber tenido una buena actuación en los siguientes partidos generalmente ingresa en los segundos tiempos. Recién el 2 de noviembre vuelve a la titularidad contra Danubio en Jardines jugando por primera vez de 9. Y como para demostrar que ese era su puesto, a los 14 minutos del segundo tiempo convierte su primer gol, de derecha. Pero a pesar del gol y la buena actuación, recién faltando tres fechas para terminar el Campeonato Uruguayo se afianza en el equipo titular y River consigue tres victorias seguidas. La última de ellas fue contra Nacional (3 a 2), recientemente consagrado Campeón en forma anticipada. Morena puso el 2 a 1 parcial, el que sería su primer gol al equipo que más goles le convertirá en su carrera. El Día destacó: “Morena, un gran gol y otros aciertos que acentúan sus rasgos promisorios”.

Había terminado su primera temporada en Primera División. Con 17 años, había jugado diez partidos del Campeonato Uruguayo (seis de ellos como titular), convirtiendo dos goles, uno a Danubio y otro a Nacional. River había hecho una excelente campaña, finalizando tercero con 28 puntos, detrás de Nacional (43) y Peñarol (39). Luis Artime con 24 goles era el goleador del Campeonato.

* * *

Por aquellos años la temporada futbolística de la AUF se limitaba al Campeonato Uruguayo. Los equipos que no clasificaban a la Libertadores (que en esa época eran indefectiblemente los grandes), se pasaban más de medio año sin disputar ningún torneo oficial. Comenzaban a entrenar en febrero (la histórica pretemporada a pura arena), a partir de marzo jugaban amistosos entre ellos (con y sin público), hacían giras por el interior (la mayoría) y en algunos casos también al exterior (mayormente por los países del Pacífico y Centroamérica). Recién a fines de julio, principios de agosto, comenzaba el Uruguayo.

Allá por mayo, mientras Peñarol jugaba su sexta final de la Libertadores (en once ediciones de este campeonato) River andaba a puro amistoso: un día viaja a Paso de los Toros; otro a Durazno; más tarde a Libertad. Y Morena comienza a destacar a puro gol. A principios de aquel mes River le gana 8 a 0 a Alto Perú, con seis goles de Fernando.17Y algunos días después juega un campeonato cuadrangular llamado Confraternidad Deportiva contra Racing, Bella Vista y Huracán Buceo. Morena mete dos goles.

Tras la disputa del Mundial de México en el que Uruguay hizo un gran papel aún sin Pedro Rocha (lesionado en el primer partido) y sin un número 9 (la Selección no tenía un centro delantero indiscutido desde el retiro de Míguez), a mediados de julio finalmente arranca el Campeonato Uruguayo. River, dirigido aún por Luis Borghini, comienza con Morena jugando nuevamente como puntero izquierdo. El equipo no encuentra el gol y pierde sus primeros cuatro partidos al hilo. Disputadas las siete primeras fechas, cinco partidos perdidos, dos empatados, dos goles a favor. Increíblemente (para los estándares de hoy), Borghini seguía en su cargo... Morena seguía de puntero izquierdo a pesar de las buenas actuaciones que venía teniendo y de la falta de gol del equipo. Así al menos lo establece la prensa de la época: “joven, lleno de aptitudes” decía El Día tras el partido con Nacional. Contra Peñarol el mismo periódico comentaba: “Morena, pese a la oposición de Figueroa, creó vacilaciones en la retaguardia aurinegra. [...] Insinuó sus condiciones auspiciosas”.18 Seguramente uno de los primeros que vio en Morena sus condiciones de goleador nato fue el cronista de El Diario que cubrió el partido con Huracán: “Excelentes condiciones para jugar adentro, no de puntero”.19

Recién en la octava fecha, con Morena de 9 (mete un gol), River gana su primer partido: 3 a 0 a Sud América. Pero el equipo no se estabiliza y vuelve a empatar y perder. En la segunda rueda Fernando deja la titularidad: a veces ingresa en los segundos tiempos; otras, ni siquiera va a banco de suplentes. Vuelve en la penúltima fecha, frente a Defensor en el Franzini. Luego de un muy mal primer tiempo del equipo, que terminó 3 a 0 a favor de los violetas, Morena demostró todas sus condiciones en el complemento y convirtió los dos goles de River. “Fue una pesadilla para Arispe. Anotó los dos goles; muy empeñoso y con perspectivas”, decía el cronista de El Día.20 River terminaba las dos primeras ruedas penúltimo, con 13 puntos y aunque para la definición del Campeonato Uruguayo se sumaban los puntos del año anterior (en el que había terminado tercero), la muy pobre campaña lo obligaba a jugar la tercera rueda “por la permanencia”. River finalmente se salvaría del descenso por un punto. Morena apenas si disputó por el Permanencia un partido de titular y otro entrando en el segundo tiempo.

En un Campeonato Uruguayo que volvía a ganar Nacional, River había jugado 24 partidos, ganando seis, empatando otros tantos y perdiendo los 12 restantes. Morena, que participó en 15 partidos, marcó tres goles. River clamaba por un cambio de entrenador. Y Fernando, que se desesperaba por tener una chance como centro delantero, también.

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–¿Cuándo dejaste de estudiar?

–En 1971, cuando asumió Faccio en River. Le pedí a mi viejo para dejar los estudios porque pasamos a entrenar de tarde en vez de a la mañana y me coincidían los horarios, era imposible. Ese fue un año de despegue. Cambió mi físico, debuté con 19 años en la Selección Mayor y quedé a un gol de Artime en la Tabla de goleadores. Un año bárbaro.21

Efectivamente, 1971 fue un año bárbaro para Morena. Que comenzó, como de costumbre, con unas largas vacaciones en enero. Fernando se pierde de integrar la Selección Juvenil que disputa el Sudamericano de Paraguay ya que, según la reglamentación de entonces, solo podían participar jugadores que (además de la edad) fueran amateurs y no hubieran jugado en Primera División.

Recién hacia fines de abril los darseneros contratan a su nuevo director técnico: Juan Ricardo Faccio, recientemente desvinculado de la Selección Mayor. Tras la partida de muchos jugadores, el entrenador declaraba: “debemos integrar un equipo nuevo... con elementos juveniles provenientes en su gran mayoría de Tercera y Cuarta división”. La llegada de Faccio sería determinante para la carrera de Morena. “Al menos en aquella época, si eras delantero zurdo, parecía como que tenías que jugar de puntero izquierdo –recuerda F ...