Loading...

EL MARCIANO

Andy Weir  

0


Fragmento

Título original: The Martian

Traducción: Javier Guerrero

1.ª edición: Octubre 2014

© Ediciones B, S. A., 2014

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

DL B 16912-2014

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-890-2

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

Contenido Presentación Dedicatoria Mapa 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26

Presentación

Desde hace años, la distinción (¿pelea?) entre fantasía y ciencia ficción ha ocupado muchas páginas. Pero recientemente, hemos tenido un ejemplo clarísimo de que la ciencia ficción puede acabar cediendo ante la fantasía. Me refiero a la serie CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO de George R. R. Martin, uno de los mejores autores de la ciencia ficción mundial que parece haber dejado el género para usar y abusar de la fantasía más clásica.

En el verano de 2013, en la ya habitual visita a España de Joe Haldeman (acompañado como siempre por su amable esposa, Gay), he tenido de nuevo la oportunidad de compartir varias horas y una cena con ambos. Acabamos irremediablemente hablando de Martin y de cómo está explotando el filón de la fantasía en su serie conocida popularmente como Juego de Tronos, que en realidad es el título de la primera de las cinco novelas publicadas hasta hoy.

George R. R. Martin ha cosechado éxitos en todos los ámbitos posibles de la ciencia ficción. Ha escrito novelas cortas imprescindibles como Una canción para Lya o Los reyes de la arena; novelas brillantes e inolvidables como Muerte de la luz, e incluso domina el difícil arte del fix-up de relatos cortos enhebrados conjuntamente, como hizo en la magistral Los viajes de Tuf. Sin embargo, en las dos últimas décadas Martin se ha dedicado a la novela más o menos histórico-fantástica de voluntad épica. Era de esperar que abordara también esa temática y su característica extensión con suma brillantez, y así ha sido.

En 1996 aparecía el primer volumen de un largo proyecto que lleva por título genérico CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO. Ha sido un gran éxito y, como derivados, tenemos ya una famosa serie de televisión, un juego de tablero, un juego de cartas acumulativo y una muy buena recepción popular.

Hay diversas maneras de construir una larga serie histórico-fantástica más o menos épica. Desde las novelas puramente históricas sometidas a la necesidad de ser fieles a hechos históricos, hasta versiones mucho más libres como las distintas reelaboraciones que hasta hoy se han hecho, por ejemplo, de la leyenda artúrica, donde solo hay que respetar un mínimo del esquema argumental. Otra manera es la que usaron Tolkien, Le Guin o Bradley en sus narraciones sobre la Tierra Media, Terramar o Darkover respectivamente: inventarlo prácticamente todo.

Martin ha tomado otro camino que no me atrevo a llamar intermedio: la asimilación alterada de hechos conocidos de la historia humana. Como destaca Luis G. Prado: «El mundo que Martin despliega ante nuestros ojos hunde sus raíces en referencias históricas: Poniente es una imagen especular de Gran Bretaña, y las principales familias, los Stark y los Lannister, remedan a los York y los Lancaster de la guerra de las Dos Rosas; la perdida Valyria, medio Roma, medio Atlántida; las oleadas de antepasados, que hacen las veces de celtas, sajones y normandos; los jinetes de las estepas, que recuerdan a los mongoles; los guerreros de las Islas de Hierro, que remiten a los vikingos...»

En esta historia semiconocida y alterada, pródiga en intrigas y todo tipo de tramas políticas, Martin se ha reservado el pequeño truco (que le ennoblece como autor) consistente en, cerca ya del final de cada volumen, «matar» al personaje que parecía ir convirtiéndose en protagonista. Así se obliga a sí mismo a reinventar y actualizar de nuevo su saga en el siguiente volumen.

Precisamente a mediados de la década de los noventa, cuando se iniciaba la serie fantástica de Martin, se teorizó sobre la «muerte de la ciencia ficción» como un género «distinto» y con entidad propia. Paradójicamente, la fantasía, nacida realmente en el seno de la ciencia ficción pero mucho menos exigente para el lector, es la que lo está logrando.

Eso es algo que, envidias económicas aparte, no gustaba a Haldeman y no acababa de gustarme a mí: de reflexionar sobre nuestro mundo y los posibles futuros que nos esperan por el crecimiento poco controlado de la ciencia y la tecnología, nos abandonamos a un pasatiempo fantástico más o menos inteligente pero que deja de estimular la reflexión. Seguramente hemos perdido con el cambio.

Aunque, Haldeman y yo somos conscientes de ello, nuestro amigo George (R. R. Martin) haga tanto dinero con ello... Gracias, eso sí, a unas novelas y una trama francamente brillantes.

El sentido original de una colección como NOVA era, con la ciencia ficción como excusa, reflexionar sobre la ciencia y la tecnología y sus efectos en nuestras sociedades.

Pero la ciencia ficción, me temo, va estos días un poco de capa caída.

Como decía, ya a finales de los años noventa algunos agoreros intentaron «profetizar» la muerte de la ciencia ficción. Para ellos, la manera como la temática de la ciencia ficción iba incorporándose a nuestras vidas quitaba especificidad a este tipo de narrativa y por ello le presagiaban una indolora muerte a manos de su dilución en el seno de la narrativa general.

Para mí, esa perceptible decadencia de la ciencia ficción tiene otras razones. Básicamente, las derivadas de los prodigiosos avances de la ciencia y la tecnología en los últimos veinte o treinta años. Con lo que ha ocurrido en ese tiempo, ¿quién se atreve hoy a profetizar futuros más o menos cercanos que la tecnociencia posiblemente vuelva ridículos y obsoletos en pocas décadas?

Tal vez por ello la ciencia ficción parece haber perdido en los últimos años su empuje anterior y suele reducirse en muchos casos a temerosas especulaciones en torno a avances muy cercanos de la biotecnología o las infotecnologías. Lo llamamos: el futuro cercano (near future). La mayoría de las nuevas novelas se reducen a thrillers tecnológicos (bio e info en su mayoría) muy cercanos en el tiempo y que pueden pasar perfectamente por literatura general. Carecen, casi siempre, de ese afán especulativo tan característico de la ciencia ficción y, sobre todo, pierden el sentido de la maravilla que tanto la había caracterizado. Poca maravilla hay en sociedades que vienen a ser como las de nuestra cotidianeidad.

Posiblemente eso explique (en un razonamiento apresurado...) el auge actual de la fantasía. Ahí es evidente que se pierde la capacidad especulativa de la ciencia ficción pero se mantiene la riqueza de la aventura y del sentido de la maravilla. No en vano, la fantasía moderna nació en el seno de la ciencia ficción y fueron los lectores de ciencia ficción quienes primero cobijaron obras como EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, de Tolkien, y fue en su seno donde se desarrollaron obras ya clásicas en la fantasía como la serie de DARKOVER, de Marion Zimmer Bradley, o TERRAMAR, de Ursula K. Le Guin.

Sin embargo, la fantasía suele estar reñida con la ciencia. Siguiendo esquemas más bien trillados, nos ha ofrecido básicamente el enfrentamiento del bien y el mal (caso de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS) o la reconstrucción fantaseada de períodos históricos (como en la citada CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO).

Debo reconocer, no obstante, que hay un autor distinto que destaca en la moderna fantasía por su gran producción en la última década, toda ella de gran c

Recibe antes que nadie historias como ésta