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EL DOCTOR FIGARI

Julio María Sanguinetti  

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Fragmento

Índice

Portada

Agradecimientos

Prólogo

A modo de prefacio:¿Por qué “el Doctor”?

Capítulo I “M’hijo el dotor”

Capítulo II La sombra de Dreyfus

Capítulo III La bandera colorada

Capítulo IV Los placeres de la venganza

Capítulo V “Trabajar pensando, pensar trabajando”

Capítulo VI El proletariado intelectual

Capítulo VII El sueño de la realidad y la realidad de la utopía

Capítulo VIII Hacia un arte regional

Capítulo IX “O nos industrializamos o nos industrializan”

Capítulo X “En busca del tiempo perdido”

Capítulo XI “Un hombre camino, un hombre flecha”

Capítulo XII Más allá del corazón

Capítulo XIII Las sombras se avecinan

Capítulo XIV Réquiem para una generación

Bibliografía

Biografía

Otros títulos del autor

Créditos

Grupo Santillana

Agradecimientos

A muchas personas tendría que agradecer, a partir del Prof. Pivel Devoto, que me introdujo en el tema hace años, y del Prof. Gerardo Caetano, que me impulsó ahora a escribir esta biografía. En especial debo destacar, por su colaboración técnica, a Julio Testoni, Mario Zanocchi y Gastón Tealdi. Y por su generosidad para aportar documentos e informaciones, a Luis Víctor Anastasía, a Raquel Pereda, a Abelardo García Viera, a José Claudio Escribano, de La Nación de Buenos Aires, al Comodoro Güiraldes, al Museo Güiraldes de San Antonio de Areco, a Walter Rela y a los Arqs. Fernando Saavedra Faget, Pedro Faget Montero y Julio Villar Marcos, entre muchos otros.

J. M. S.

Prólogo

Esta es una excelente biografía escrita según las reglas que propone la disciplina historiográfica. Parecería que, de nuevo, se ha verificado (aunque las pruebas son escasas) el consejo de Macaulay acerca de que la experiencia política es un buen asistente para escribir historia de calidad. Pero, si bien estas páginas destacan la historia política, este camino de exploración del pasado no es el único ni, acaso, el más importante.

Algunas biografías tienen el raro don de dar a luz una historia que contiene varias historias. Esta es, a mi juicio, la lección principal que se desprende de este libro de Julio María Sanguinetti. A Pedro Figari —parece redundante declarar tal cosa— le debemos el sentimiento maravilloso que provoca su pintura. Cielos, lugares, personajes y costumbres de una vieja historia: los cuadros de Figari guardan el genio de trasladar el pasado hacia un perpetuo (y venturoso) presente. El Figari pintor ofrece pues el aspecto más atrayente de una vida sin embargo mucho más vasta, cuyos itinerarios son difíciles de abarcar con un golpe de vista. Figari representó, en efecto, un papel de segundo plano, no por ello menos protagónico, en una etapa del desarrollo de la democracia uruguaya marcada por la voluntad del ascenso y la aventura del progreso.

Sugiero al lector que se deje llevar por esta narración que lo conducirá hasta el Montevideo de 1861 —el año en que nació Figari— y lo traerá en medio de debates, convulsiones civiles, escritos y alegatos, proyectos de reforma educativa y programas de transformación cultural, hasta el Uruguay moderno de las primeras décadas del siglo pasado: los avatares, en suma, de un hombre del XIX, henchido de ideas, que pretendió conquistar el siglo XX. El doctor Figari fue un jurista que integró en su repertorio de valores varias corrientes de pensamiento. Fue un racionalista, masón convencido, entregado de lleno a la práctica de un humanismo liberal consagrado a levantar instituciones, embebido de la novedad del positivismo “spenceriano” y de las certezas que proporcionaba esa teoría en torno a una evolución sin retrocesos.

Esta visión de las cosas, q

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