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DEL OTRO LADO DE LA MONTAñA

María del Carmen Perrier Pérez del Castillo   Claudia Pérez Ferreira  

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Fragmento

Prólogo

Hace ocho años vivo sin mi abuela, y no pasa un día que no la recuerde. Las historias que conozco de su emoción sobre mi nacimiento siempre fueron un factor de gran orgullo para mí, y aún disfruto cada vez que alguien las repite como si fuera la primera vez que me entero de ellas. Durante los años que vivimos juntas siempre consideré su fortaleza digna de admiración, aun cuando no sabía los detalles ni la existencia de las duras travesías que había sufrido a lo largo de su vida. Había algo en ella y la historia que contaban sus ojos que, sin tener ningún tipo de información, me inspiraban una admiración absoluta. No recuerdo exactamente el momento en que pregunté por mi abuelo o alguien me mencionó a mi tío por primera vez, pero sí sé que en el transcurso de mi vida, la presencia de ambos fue cobrando protagonismo, y hasta cierta forma física, que me ayudó a entender y aprender cosas de aquellos personajes fascinantes que fueron ambos.

Mi tía, Claudia Pérez del Castillo, llevaba escrito en una libreta el nombre de este libro hace años. El tiempo le fue dando tregua para liberar emociones que estaban encapsuladas y un día, fruto de las coincidencias inexplicables que parecen rodear a nuestra familia, me sumé como escritora del libro sobre uno de los momentos más difíciles de su vida y la de todos los Pérez del Castillo Ferreira. Una vez inmersa en el proyecto de este libro, no fue sorpresa despertar un día ante la revelación de que, en el fondo, seguía sin saber nada sobre el origen de la historia que contaban los ojos de la abuela que tanto añoro. Por momentos, investigar sobre los años donde no convivimos en la tierra se sintió como hurgar en su dolor, y a la vez, un extraño impulso me dijo que este era su deseo, porque más allá de que ya no esté, siento a diario su presencia a mi alrededor. En cuanto me dispuse a investigar en profundidad aquellos años, percibí inmediatamente que era fundamental contar con la visión y testimonio de quienes también sufrieron aquellos fatídicos meses de fines del año 1972. Sus revelaciones son en simultáneo una fortuna y una responsabilidad. Fortuna, porque solamente sus testimonios son capaces de develar los misterios de una historia inédita. Responsabilidad, porque el libro se convirtió en un proyecto que, por primera vez en 45 años, da luz a los sentimientos de familias enteras que perdieron parte de su corazón en octubre del 72 y, por sobre todas las cosas, aquí buscamos cuidar sus sentimientos y honrar la memoria de los que nunca podrán dar su versión. Escucharlos me permitió tener un recorrido exclusivo por los pasillos de sus casas ahogadas en sufrimiento e impotencia, y el conjunto de sus relatos son la columna vertebral de lo que es Del otro lado de la montaña.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Espero aquí poder recrear ese paso para exponer de la mejor manera los sentimientos más profundos que quedan de una historia que cambió el significado de la palabra supervivencia para siempre y personificó gracias a un grupo de valientes madres otras dos palabras: valor y fe.

Escasos meses después de la tragedia, Selva Maquirriain —madre de Felipe, que falleció en la cordillera— contactó a todos los familiares de los pasajeros que no habían regresado de las montañas para invitarlos a formar parte de un proyecto en memoria de todos ellos. De la misma manera, tanto para la etapa de investigación como para la preparación del libro, hemos contactado a familiares y allegados de cada uno de los pasajeros que no regresaron del ...