Loading...

CLAUDIO PAOLILLO. PERIODISTA

Claudio Paolillo  

0


Fragmento

Este no es un libro sobre Claudio Paolillo, sino que es un libro escrito por Claudio Paolillo. Es el legado profesional de uno de los periodistas más influyentes del último medio siglo en Uruguay. El autor de cada artículo, columna de opinión, discurso, conferencia o clase de periodismo es el propio Claudio. Los textos escogidos, varios de ellos inéditos, son el resultado de una selección —como tal, necesariamente arbitraria, opinada y opinable— de más de cuarenta años de periodismo, la mayoría de ellos en Búsqueda, donde un jueves sí y otro también Paolillo se convirtió en un analista de la actualidad referente en el país.

En estos textos, Claudio buscó entender el porqué de los principales hechos de interés público —tarea inabarcable, como las faenas más importantes de toda construcción democrática— con libertad e independencia, y siempre en defensa de ellas. Así, Paolillo actuó como un contralor del poder y sin afiliarse a ningún relato per se supo “marcar agenda” desde la página 2 del semanario. El lector, más allá de que comparta o no las ideas y puntos de vista que aquí se presentan —y que aún mantienen plena vigencia—, no quedará indiferente a su mirada y agradecerá sus argumentos siempre informados y linkeados a fuentes contrastadas, y a la vez interesantes, entretenidos, bien escritos. Paolillo se coloca así en las antípodas de los análisis tediosos y previsibles que pretenden ilustrar sobre lo que ya se sabe, revestidos de pomposidad, arabescos y firuletes.

Leer a Claudio implica, además de un ejercicio placentero, reconocer una voz y un mundo particular, una escritura de calidad. Su estilo, combativo, provocador con base en datos, incómodo, rezuma pasión y coraje para caminar por el borde del precipicio si es necesario, muchas veces sin filtros y otras tantas sin red: a un lado, el abismo de quien asume riesgos, y al otro, las caras queridas, las sonrisas de sus hijos, de Adriana, los amigos, las bromas, las lecturas, el fútbol y todo periodismo.

Este libro es además el resultado de un año largo de trabajo coral —de investigación, edición, corrección—, impulsado por un equipo unido por el afecto, el cariño, la admiración y la gratitud hacia Claudio. Dicho equipo, que se reunió periódicamente durante más de un año para revisar cada paso del proceso editorial, estuvo integrado por Adriana Otegui, Pipe Stein, Andrés Danza, Rodrigo Arias, Julián Ubiría, Andrés González, Susana Martínez y quien firma. Nos unió la suma de un vínculo entrañable y una complicidad inmediata, de esas que se desatan sin demasiados preámbulos. Por eso es también un legado emocional, sentimental, ligado a una pasión honesta y contagiosa de la que dan fe varias generaciones de periodistas que compartieron redacción o aula con Claudio. Allí anida un lazo afectivo especial más allá de cualquier otra consideración. Ese lazo trasciende al Paolillo defensor de la cultura democrática y republicana, de la libertad de expresión, del derecho a la información, a la diversidad política y a las elecciones libres, de los poderes separados y de los ciudadanos menos dependientes de las mercedes del Estado. Claudio creía que escribir era una forma de acción, que las palabras eran actos, que escribiendo se influía en la historia.

Los textos que conforman este libro han sido agrupados en torno a ejes temáticos comunes, configurando un panorama abarcativo de su visión y su pensamiento. Cada uno de estos capítulos está prologado por profesionales, colegas y amigos cercanos a Claudio, que enriquecen el tema. Finalmente, los capítulos I y VII incluyen textos inéditos, completando una obra que condensa el aporte al periodismo que su autor nos ha legado.

Paolillo enseñaba que el periodismo no es precisamente una ciencia exacta, que dentro de los oficios humanísticos debe ser la más inexacta de las profesiones; que cuando se llega a una redacción nunca se sabe con qué nos vamos a encontrar, y eso hace que el periodismo sea fascinante y a la vez un territorio propicio para meter la pata con mucha frecuencia. Solía citar a cuatro personalidades que alguna vez se detuvieron a definir el periodismo: el escritor, actor y humorista británico Hans Dietrich Genscher: “La prensa es la artillería de la libertad”; el dramaturgo estadounidense Arthur Miller: “Un buen periódico es una nación hablándose a sí misma”; el escritor británico Gilbert Keith Chesterton, ya en el siglo XIX: “El periodismo consiste esencialmente en decir ‘Lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo”, y, finalmente, la más conocida y que, según Claudio, “hace vivir esta profesión como una parte inseparable de la vida”, el escritor colombiano Gabriel García Márquez: “El periodismo es el mejor oficio del mundo”.

Juan Pablo Mosteiro

Capítulo 1
HOY MÁS QUE NUNCA

// EL PERIODISMO IMPORTA CADA VEZ MÁS1

Les voy a contar una pequeña historia real. Ocurrió hace ya casi dos décadas, cuando en 1998 concluía mi primera etapa como profesor de Periodismo en la ORT, donde llegué a ser catedrático asociado de Periodismo. Todavía no existían Twitter, Whatsapp, Instagram ni Facebook. Pero sí los correos electrónicos y Google, por lo que ya se googleaba la información.

Estaba ante la generación que cursaba el cuarto año de la licenciatura y les pregunté: “¿Ustedes leen los diarios?”. La mayoría respondió que no. En realidad, casi ninguno leía los diarios, ni los semanarios. Ningún periódico. Tampoco veían habitualmente los informativos de televisión y unos pocos seguían algún programa radial. Pero su principal fuente de información era otra.

Como periodista de la “vieja guardia”, les transmití la inquietud que íntima y espontáneamente me surgió: “¿Pero ustedes quieren, de verdad, ser periodistas? ¿Cómo pretenden transformarse en profesionales si no leen los diarios ni los semanarios, no escuchan los programas periodísticos en la radio ni miran los noticieros de la televisión? Están en el último semestre de sus carreras; les faltan apenas unos meses para recibirse y convertirse en licenciados en Comunicación, especializados en Periodismo. ¿Todavía no saben que para ser buenos periodistas necesitan tener al menos un poco más de información que el público común sobre todas las cosas que puedan? ¿Todavía no saben que cuanto mejor informados estén mejor podrán hacer su trabajo?”.

Los estudiantes se dieron cuenta de que estaba medio molesto con sus respuestas. Pero ellos no se inquietaron ni mucho menos; y me respondieron que sí estaban informados y que el método que utilizaban era leer las noticias “en internet”.

Me contestaron que leer “en internet” suponía leer las versiones digitales de los diarios, de las radios y de los canales de televisión. En aquel tiempo, por cierto, ya había noticias en formato digital, aunque ni estaban tan extendidas como hoy ni se había suscitado todavía el debate mundial sobre si estaba bien para los medios establecidos (o para los que fueren a establecerse) publicar noticias online para que la gente las leyera gratuitamente o había que cobrar por ese servicio. Era apenas un debate incipiente.

Yo les decía que en el semanario Búsqueda no dábamos la espalda al fenómeno de internet, pero que tampoco estábamos dispuestos a regalar el producto de nuestro trabajo. De hecho, nuestro modelo digital —como el de muchos otros en todo el mundo— supone que quien quiera acceder a los contenidos del semanario (informaciones u opiniones) puede hacerlo, pero pagando. Igual que nuestros lectores de la edición en papel. Aunque el modelo de la prensa también va cambiando. Y mucho.

Si así no fuera (es decir, si todo fuera gratuito), ¿de dónde saldría el dinero para remunerar el trabajo profesional de nuestros periodistas? “De la publicidad”, me decían algunos amigos, fervorosos partidarios de tener la posibilidad de leer Búsqueda online gratis. “Estupendo”, les respondía yo. “Pero hasta ahora, ningún sitio periodístico online se autofinancia con publicidad porque, sencillamente, los anunciantes aún no lo han elegido masivamente como un medio adecuado para hacer conocer sus productos”.

* * *

Casi veinte años después de aquella reflexión con mis amigos deseosos de leer información de calidad sin pagar, la publicidad online ha aumentado y es la que aumenta a mayor ritmo. Pero sigue sin haber la cantidad suficiente como para solventar el gasto —no menor— que supone hacer periodismo de calidad. Incluso ahora, después de haber malacostumbrado a la gente durante casi veinte años a acceder sin costo a las noticias de calidad y, más aún, luego de haber gastado miles de millones de dólares en “experimentos” irreversiblemente destinados al fracaso, Rupert Murdoch, Arthur Ochs Sulzberger y otros grandes referentes mundiales de la industria de los medios de comunicación repiten como un karma lo que desde la humilde Búsqueda uruguaya se veía como una obviedad: no podemos ofrecer gratuitamente en nuestras páginas web lo que tanto esfuerzo y dinero nos cuesta producir para nuestros “medios tradicionales”. Porque si hacemos eso, nos fundimos.

Al margen de eso, aquellos futuros periodistas de mi clase sentían que estaban informados por sus lecturas en línea. Pero, en rigor, lo estaban solo superficialmente. En aquel tiempo los periódicos no incluían en sus páginas web gratuitas toda la información y comentarios que sí llevaban en sus ediciones en papel. De modo que datos, cuadros y gráficas o información de contexto que aparecían en las ediciones de papel y no en las versiones online permanecían ignorados por los estudiantes.

Poco a poco, el panorama se ha ido complicando para quienes sueñan con que el periodismo de calidad sea gratuito y quieren leerlo pretendiendo que los periodistas sigan produciéndolo profesionalmente de aquí a la eternidad, sin recibir por ello una compensación económica.

Sin embargo, es un hecho innegable que la mayoría de los jóvenes —y muchos de los que ya no son tan

Recibe antes que nadie historias como ésta