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CIEN PELíCULAS QUE ME ABRIERON LA CABEZA

Nicolás Amelio Ortiz  

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Fragmento

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¡El grito del futuro!

Por Sebastián De Caro

Esta historia comienza en YouTube.

Una tarde cualquiera, haciendo zapping de video a video, llego a una entrevista a varios youtubers. Por aquel entonces todavía estaba esa horrible costumbre (por suerte hoy casi extinta) por la que viejos carcamanes que se creían amos y señores de la comunicación, subestimaban a toda expresión renovadora.

Ahí, en ese campo crítico, doy con ZEPfilms.

¡Este es el mono que grita por primera vez en El planeta de los simios! Aquel que con su grito dice basta, renunciando a trabajos clásicos y formales y ejerciendo con libertad su propia agenda estética. Entendiendo que se puede hacer en serio y ser ameno a la vez.

¡Esto es el futuro!

Eso es lo que sentí, como un rayo. Todo había cambiado para siempre y para mejor.

Ahí donde habitaba el crítico advenedizo, ese que subestimaba el lenguaje; ahí donde se suponía que la plataforma de video solo servía para el humor chabacano; ahí donde parecía imponerse una (polémica) dialéctica única… sí, ahí mismo. Ahí, Nicolás Amelio Ortiz y ZEPfilms aparecían como una revelación.

El video donde dibuja su vida, su primera película, sus cortos. Todo un mundo y una mitología cargados de vitalidad. Nico fue ese descubrimiento que me hizo sentir que sí, que todavía hay quienes pueden disfrutar del cine, de sus historias, de hacerlo y pensarlo. Nico producto de su tiempo, ZEPfilms como un espacio de reflexión, albergando listas infinitas y desplegando una estética propia. Su voz y su estilo de locución, sus videos preciosistas sobre la ciudad; el desparpajo y la academia en perfecto equilibrio. Cumpliendo cuarenta, me sentí interpelado por este canal, por su mundo joven y su comunidad. Lo quise conocer, lo entrevisté y todo aquello que se anticipaba en sus videos se confirmó: Nicolás Amelio-Ortiz es un apasionado del cine.

Un optimista, un obsesivo anotador, un melómano total.

Querido lector, el libro que usted tiene en sus manos es una invitación directa al mundo de Nico. Un universo de cine e influencias variadas, que viajan por todo el mundo y a través de todos los géneros analizando con amor y sabiduría películas de todas las épocas y gemas por descubrir; algunas obras rupturistas y otras clásicas que lo formaron.

Esta aventura que es Cien películas que me abrieron la cabeza nos conduce por un viaje personal a la vez que funciona como una hermosa guía para repasar lo mejor del séptimo arte.

En este, su primer libro (esperamos más), Nico comparte con nosotros momentos epifánicos y trascendentes del cine que lo acompañó desde sus años de estudiante hasta hoy.

Este es un libro para leer de corrido, pero también puede ser un ayuda-memoria para tardes de lluvia, o el regalo ideal para un buen amigo.

Así está escrito.

De un amigo para otro amigo.

Les deseo un buen viaje de la mano de un conductor apasionado.

¡Salud!

Todo arte es, a la vez, superficie y símbolo.

Los que buscan bajo la superficie, lo hacen a su propio riesgo.

Los que intentan descifrar el símbolo, lo hacen también a su propio riesgo.

Es al espectador, y no a la vida, a quien refleja realmente el arte.

OSCAR WILDE

Introducción

Por Nicolás Amelio-Ortiz

Durante los últimos quince años, el cine viene marcando mi vida. Marcaron mi vida Psicosis, de Hitchcock, la apertura de ZEPfilms y el estreno de Virgen —mi más reciente cortometraje— en el Festival Internacional de Sitges. El libro que tienen en sus manos es un recorrido por todas estas experiencias. Un recorrido muy personal, porque engloba una infinidad de anécdotas y estilos cinematográficos. Pero, sobre todo, 100 es una investigación de los temas que más me atraen del arte de contar historias con imágenes en movimiento.

Yo no soy un cinéfilo nato. Más allá de los clásicos que marcaron mi infancia, debo confesarles que hasta los dieciséis años mi experiencia cinematográfica más reveladora era la saga de Harry Potter. Recién cuando estaba por terminar el colegio, decidido a estudiar diseño gráfico o publicidad, un profesor me descubrió leyendo una novela policial —no recuerdo el título, pero era un policial—, y me recomendó que viera la película Vértigo, de Alfred Hitchcock. No bien terminé de toparme con esa maravilla entendí que el cine no era tanto el entretenimiento al que asistía los fines de semana con mis amigos. El cine, más bien, era un arte increíble. Y como aquel que va por primera vez al museo y sale enamorado para siempre de tal o cual cuadro, yo me volví un devorador serial de cultura cinematográfica y comencé a interesarme por toda la magia que las rodeaba. No pasó mucho tiempo después de aquella experiencia, pero desde entonces ya sabía a qué pasión me dedicaría para siempre.

La principal preocupación del futuro director de cine, al comenzar

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