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CAOS

Magalí Tajes

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Fragmento

MÚSICA

La música del desamor suena fuerte. Soy adicta a escucharla. No importa cuántas veces haya cantado esa canción, la busco y pongo play de nuevo. El fracaso tiene un rico sabor, un rico saber, se aprende del fracaso. De los triunfos también se aprende pero nos aburren más fácil. Soy la chica que escucha siempre la misma canción de la misma banda infinitas veces hasta que la agota. Yo también agoto. Me dicen: Vos tenés un problema, a vos nada te conforma. Yo digo: ¿Por qué a vos sí?

GENTE

La gente es un montón de gente, cada vez más. Me siento un poco asfixiada con los abrazos, con el amor, con los “salvame”. Las personas no se dan cuenta de que el amor también puede lastimar y me lo regalan entero, algunos me lo tiran encima. Y yo sonrío, y me falta el aire. Y yo sonrío, van seiscientas cincuenta y dos fotos con flash en la semana. Y yo sonrío, porque aprendí a sonreír sin que sea del todo verdad.

Soy la chica de la alegría en piloto automático. La tristeza quiere asomarse, pero estamos en un momento de conmoción, y un fan la empuja.

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ALCOHOL

Que no falten cervezas que cicatricen el pasado, y algunas copas de vino para soñar un futuro. La resaca de lo perdido duele mucho. Pero volvemos a perder, por suerte.

En esta danza caótica no sirve la vergüenza. El desorden emocional que me habita me grita a diario que es ¡INÚTIL! buscarme en los ojos de los demás. Los demás no pueden decirme cómo moverme, ellos tienen su propio ritmo, y yo otro, y vos otro. Quedás tan out cuando morís por estar in. No copies los pasos ajenos, tenés otros pies. ¿Querés tropiezos repetidos u originales? Te vibra el cuerpo distinto. Yo sé que te dijeron que no, pero es bueno ser DISTINTX.

Estar distinto/a suena mejor. “Ser” es algo que no se anima a mutar. “Estar” es una condición mucho más peligrosa, pero también mucho más honesta. Me escriben: No cambies nunca. Respondo: Cualquier persona que te diga que no va a cambiar, te está mintiendo.

Soy la chica que un día se fue de ella misma, y vuelve, de vez en cuando, para asegurarse de que es otra cada vez.

¿Qué te preocupa? Ya sé, pará, me vas a decir que la facultad o el trabajo, que no sabés si en un futuro vas a querer seguir dedicándote a esas cosas. Pero eso esconde una razón muy simple: No sos tu “yo” del futuro. Y cuando lo seas, no te vas a parecer en nada a lo que creíste que ibas a ser. Mirá:

La Magalí de seis años: Quiere ser veterinaria.

La Magalí de ocho años: Le dijeron que en la carrera de veterinaria practican con sapos. Los sapos le dan mucho asco. Ahora quiere ser astronauta.

La Magalí de doce años: Se da cuenta de que nació en Argentina y que tiene muy difícil el acceso a la NASA. Está leyendo libros de la biblioteca de su mamá sobre abogados. Le gustan mucho esos libros, sobre todo porque los protagonistas siempre ganan, y la Maga de doce años odia perder.

La Magalí de diecisiete años: Lleva varias primaveras escuchando los problemas de sus amigas del colegio. No habla de los suyos. No puede, tiene la boca cosida. No se anima a arrancar esos hilos, no quiere sangrar. No hay tanque de guerra que derribe el muro de Berlín sentimental de la Maga adolescente. Habla tan poco que aprende a escuchar. Y aprende, también, que escuchar puede hacerse una profesión y decide estudiar psicología.

Te habla la Magalí de veintiocho años. No soy veterinaria, ni astronauta, ni abogada, ni psicóloga. Estoy escribiendo y haciendo comedia.

¿QUÉ TE PREOCUPA?
DE VERDAD, ¿QUÉ?

En el caos hay mucho ruido, todos gritan al mismo tiempo:

¡HAY QUE SER ALGUIEN!

Ay… ¿no somos alguien ya?

Algunas voces dicen que la fiesta está poniéndose rara.

Pero esto recién empieza. Nos vemos en un rato…

A ver, pará, pará, bajá un poco la música que me está dejando sorda. Sí, a vos te digo: pará. Hay una piba llorando desde que empezó el libro, si no bajás la música por lo menos sacá esta que es deprimente. ¡Chicos, orden! ¡Somos grandes!

Hola, perdón, no me presenté. No soy ninguna de las Magalí que escribieron hasta ahora. Soy la chica dentro de Magalí que todo lo ordena. No puede estar toooodo revuelto toooodo el tiempo. No es sano. ¿Qué quieren? ¿Que se muera intoxicada por la mugre y después la gente comente que la mató el quilombo? ¡No, chicos! Hay que limpiar de vez en cuando. Sí, ya sé que esto se llama caos y que es una fiesta. Bueno, no sé la verdad si es una fiesta porque no veo sanguchitos. No, perdón, no cené, qué sé yo, pensé que acá iba a haber comida. Ahhh, ¿vos tenés una empanada? ¿De qué es? ¿Choclo? Ay, no, guácala, fuchi. Eso no es una empanada, es otro invento fallido del capitalismo, la prima hermana del Sugus de menta, salí de acá.

¡Por Dios! ¿Quién rompió ese vaso? ¿Y qué es eso? ¿Un cosito de qué? ¿Inseguridad? ¡Mirá que se va a romper la inseguridad! Me hacés reír, ¿eh? Para dejar de ser inseguro hay que dejar de ser humano. ¡Chicos, oooorden! ¡Somos grandes!

No, no estoy de malhumor, soy así. Alguien tiene que poner un poco de decisión, ya lo dije. Les cuento, breve, no estoy para perder el tiempo. El tiempo es oro, el oro es divino, divino como yo. Esta fiesta está dividida en sectores. ¡Salí de acá con esa empanada! ¡Te dije que es un asco! Si te gusta la empanada de choclo, estás muerto por dentro, darling. Prosigo. Está fiesta está dividida en sectores: Los que quieran ser masoquistas con cosas de amor, desamor y esas pavadas, lean las hojas detrás de la puerta roja, están en la primera habitación. Los que quieran meterse en vidas ajenas y ficticias, lean las hojas detrás de la puerta azul, están en la cocina. Los que tengan dramas existenciales y tengan “más preguntas que respuestas” y “ganas de cambiar el mundo”, lean las hojas detrás de la puerta violeta, están en la habitación del fondo a la izquierda. ¡Eso sí! ¡Por favor! Los que estén tristes, deprimidos, re jodidos con la vida, no se metan en el sector de la puerta negra: es el baño.

¡Ay, no! No se puede leer de cualquier manera, te estoy diciendo yo cómo se lee. ¿No fuiste a la escuela? ¿No te enseñaron a no pensar? ¿Cómo vas a empezar con el sector negro? ¿Me estás cargando? Ay, estás psicópata. Seguro que vos sos de los que comen papas fritas con gaseosa light. Cual-quie-ra. No, no tienen conexión los textos, ¿y? No se puede empezar así, tan aleatorio. ¿Vos qué querés?, ¿qué?, ¿leer uno de cada puerta, intercalados? Ah, no. ¡Vos estás peor que el otro! Vos de chiquita seguro querías ser el power ranger amarillo.

¿Nadie piensa juntar los vidrios del vaso y del cosito? ¡Esto es un desastre! Mañana llamo a la madre de Magalí y le digo todo. Arréglense ustedes con el rojo, el azul, el violeta, el negro y el arcoíris que los parió. ¿Qué amarillo? ¿El power ranger? Era la china. ¿Puerta? No, puertas amarillas no hay. Sacate el teletubbie del oído. No hay amarillo, te digo. ¿Adónde? Ah… ah, ahí. No sé qué hay adentro de ese sector…

¿NO VES?

¡HAGAN LO QUE QUIERAN!

¡ME VOY A LA MIERDA!

La puerta de los (Des)amores

La ridícula idea de no volver a VERTE

*Somos palabras que se escaparon de la habitación de la puerta amarilla

Cuidado con la tristeza. Es un vicio.

Gustave Flaubert

No quiero saber por qué lo hiciste,

pero por qué lo hiciste.

Víctor González

La primera vez que sentí que me había enamobsesionado de una mujer yo tenía veintiún años. Estaba trabajando ocho horas en una oficina y escribía, para escaparme del tedio, una novela en una página habla hispana, cuando mis jefes no me miraban. La novela no era muy buena, pero tenía algo que atrapaba, y bastantes lectoras.

La mujer de la que me enamobsesioné era una de ellas y me leía desde España. Empezó con algo muy simple: un mensaje de ella que decía que le encantaba lo que hacía. Contesté con agradecimiento: me alegro un montón. Ella volvió a responder, esta vez hablándome de su vida. Ocho meses después, yo estaba tomándome un avión a su ciudad, para averiguar por qué carajo nos escribíamos todos los días, hacía más de doscientas cuarenta lunas, cinco páginas de Word por mail.

No lo averigüé.

La española me dedicaba canciones, y me contaba sus miedos, pero tenía novio. Me lo presentó cuando llegué. El novio era lindo, y muy imbécil. Cuando me di cuenta de que sentía celos de ese alcornoque, me quise dar la cabeza contra la pared. Noticia confirmada: me había enamobsesionado por primera vez en mi vida de una chica, y como si eso no era suficientemente difícil y nuevo para mi psiquis, la chica vivía en otro continente y era novia de alguien.

Alguien que no era yo.

Pasé tres días en su ciudad, con ella y el novio. No pude decirle: Estoy acá porque siento algo por vos que no sentí en la vida. No pude decirle nada. Pero se dio cuenta igual, sospecho, porque después de esos tres días de a tres, no me habló nunca más.

Nunca.

Le escribí: ¿Te enojaste por algo?

Nada.

Le escribí: Che, ¿estás bien?

Nada.

Le escribí: Respeto que no quieras hablarme, pero n ...