Loading...

SIN LOCURA NO EXISTE LA FELICIDAD

Luli Lamas  

0


Fragmento

Los primeros años

En mi familia somos cuatro: mis padres, mi hermana y yo. Durante mi infancia vivimos en el barrio La Comercial, en un apartamento muy chico. Al lado del living estaba el cuarto donde dormíamos con mi hermana en una cucheta. A mí siempre me gustó dormir arriba. Después había una escalera de caracol que daba al cuarto de mis padres, justo arriba del nuestro. Era todo bien chiquitito.

En el barrio tenía amigos y amigas, aunque siempre tuve más amigos varones, no sé por qué. Me divertía mucho más. Me gustaba mucho jugar a la pelota, pero también me gustaba bailar en la calle. Hacía coreografías y me hacía la linda, porque había un chico que me gustaba. Pero después no me gustaba el barrio; a medida que fui creciendo me fui dando cuenta de que era muy triste. Siempre había gente, porque estaba el Barrio de los Judíos, pero los domingos eran la muerte.

El barrio era muy aburrido, pero mi infancia no. Fue lo más. Siempre me gustó juntarme con gente más grande yo, así que me relacionaba más con ellos. Me gustaban las cosas que hacía. En Cuchilla Alta, por ejemplo, tenía una amiga que se llamaba Angelette y era mucho más grande que yo. Me encantaba mirarla, me gustaban las pulseras y los anillos que se ponía. Quería ser como ella.

Mis padres iban a vacacionar a Cuchilla Alta desde antes de que naciéramos mi hermana, Sabrina, y yo. Me encantaba el atardecer, me encantaba estar ahí con todas las amiguitas que me hacía cerca de donde estábamos. Y me acuerdo de que lo que más hacíamos era ir a la playa a juntar caracoles. Hacíamos pulseritas con los caracoles y las vendíamos después.

También hacíamos jugo. Comprábamos los sobrecitos y salíamos a vender jugos, caracoles y lo que fuera. Nos poníamos en la entrada de la playa y nos llenábamos de plata, para nosotras era un montón. Lo que nos gustaba hacer con mis amigas era juntar la plata, ir a una panadería y comprar bizcochitos. O nos íbamos a jugar al bowling y a las maquinitas.

Todos los veranos hacíamos lo mismo con nuestras amigas. Me acuerdo de que siempre que se iba una nos poníamos mal, porque las vacaciones ya se terminaban y nos veríamos recién en el próximo verano. Eran amistades de vacaciones, nunca más volví a ver a ninguna de ellas. Ahora deben tener hijos.

De aquellos t

Recibe antes que nadie historias como ésta