Loading...

VIVIR EN LA NUBE

Roberto Balaguer

0


Fragmento

CAPÍTULO I
Ser padres de hijos hiperconectados

Sugerencias de apps

«Los celulares nos están cambiando», se escucha decir casi a diario en muy diferentes ámbitos. «Las reuniones ya no son lo mismo», comenta una señora cuyos nietos le han enseñado a utilizar su celular y su tablet.

Para muchos adultos, buena parte de los movimientos culturales que está generando la tecnología son observados y vividos como pérdida o, al menos, como potencial amenaza más que como evolución. Especialmente, aquellos adultos que tienen hijos adolescentes sufren en carne propia la hiperconexión de sus hijos a las redes sociales y a sus teléfonos inteligentes.

Cada vez es más temprana la adquisición por parte de los chicos de esos teléfonos inteligentes. Es decir, para ser honestos, cada vez más tempranamente los adultos dan acceso a sus hijos a la telefonía celular.

Con frecuencia me sucede que muchos padres, alertados por la prensa, me preguntan acerca de apps o webs que sirvan como control parental o, al menos, que sean útiles para evitar que los chicos pasen malos momentos o se contacten con desconocidos al navegar por Internet. Haciendo una revisión del tema, he encontrado algunas apps que espero puedan resultar de utilidad para padres y abuelos interesados por el cuidado de los más pequeños.

Recibe antes que nadie historias como ésta

App tiempo (versión gratuita)

No se puede descargar de Google Store ni del App Store, pero sí se puede conseguir del reloj de los padres. Revise su agenda, la prioridad que le da a sus actividades y hágase un espacio para obtenerla. La app consiste en una aplicación simple, con una interfaz amigable que impulsa el encuentro cara a cara de padres e hijos. Presenta la opción charla o la opción escucha y se puede cambiar de un modo a otro de forma intuitiva, sin mayores complicaciones si se le agarra la mano. Conviene actualizarla con frecuencia para un mejor seguimiento de la actividad de los chicos. El 100 % de los padres que han descargado esta aplicación la recomiendan como antivirus frente a bajas notas, problemas de conducta y encuentros con extraños.

App tiempo (versión de pago)

La interfaz es similar a la versión gratuita, pero incorpora ida al cine, teatro o parque con alguna golosina. Una limitante que presenta esta app es que el software es incompatible con el modo ocupado del celular. La app deja de funcionar si el padre o la madre utilizan su celular en forma reiterada y se desenganchan de la interfaz charla, escucha o actividad compartida. Esta app tiene una versión de pago llamada vacaciones, en la cual se pueden contrarrestar algunos efectos de las interrupciones en su versión del año.

App sorpresa (versión gratuita)

En su versión gratuita consiste simplemente en cambiar una rutina y crear un espacio diferente al habitual (juego, almuerzo o cena sorpresa, ida a buscar, visita). Esta app debe necesariamente combinarse con la app tiempo para que funcione en su totalidad. Si se la combina con la app vacaciones, su rendimiento resulta óptimo.

App de control del chateo con extraños

Los extraños entran en el mundo de los chicos cuando los padres liberan espacio del disco de padres y dejan dicho espacio vacío. Son los chicos que están solos, que se sienten poco importantes, aquellos que suelen ser presa fácil de los abusadores, pedófilos, etc. Precisamente, lo que ofrecen los abusadores es una relación especial, que hace sentir al joven atendido y valorado. Esta app ayuda a los padres a ocuparse de su hijo en el más amplio sentido y a dejar de preocuparse por los peligros y los controles. Cuando los hijos tienen esta app actualizada, los peligros de virus y otras infecciones se reducen drásticamente.

App disponibilidad

La atención es hoy una de las funciones que a diario se ve más alterada, dado el enorme influjo de información al que nos encontramos expuestos. Esto hace que la disponibilidad de los padres, WhatsApp mediante, sea cada vez menor. Atender la salud propia y la de los hijos, la buena alimentación y el descanso propio y ajeno permite que la batería tenga mayor duración y la energía se pueda renovar sin generar desgaste por mal uso.

Muchos padres optan por la app en su versión «cumplo mi deber», en lugar de optar por la versión «disfruto de hacerlo». «Cumplo mi deber» ha demostrado ser un software no tan efectivo como «disfruto de hacerlo» en todas las revisiones realizadas hasta el momento.

Control, confianza, contención

Inmersos en una cultura de saturación de información, de alta tecnología, es frecuente que ante todos estos cambios busquemos hacer frente a los desafíos que tenemos como padres con más tecnología, pero lo cierto es que eso no siempre funciona.

En esta temática hay tres palabras, que casualmente empiezan de la misma manera, «con», y que ilustran distintos modos de abordar estas cuestiones: control, confianza, contención.

Intentar solo el control es una batalla entre perdida o a punto de perderse. Es imposible controlar lo que hacen y dicen nuestros hijos en todo momento o lugar, sea este material o virtual.

Si nos apoyamos solo en la confianza podemos fallar y dejar espacio para la transgresión. La confianza se va construyendo, pero la infancia y la adolescencia son momentos de equivocaciones y asunción de riesgos que necesitan de la cercanía de los padres.

La contención es fundamental. Pero solo cuando las tres están en su justo equilibrio se produce un resultado mágico que eleva a la categoría de imprescindible el rol de padres. Madre y padre son las dos apps fundamentales en el buen desarrollo de nuestros hijos. Si no valoramos eso o no lo entendemos a cabalidad, nos perderemos de entender lo más importante en la vida de nuestros hijos: nuestro apoyo.

Hijos chicle, padres helicóptero

¿Cuánto han cambiado los vínculos entre padres e hijos en las últimas décadas? ¿De qué manera se han modificado las relaciones de poder dentro de la familia en este período? ¿Cuánto incide la tecnología en todo ello?

Establecer un horario para hablar por teléfono era una cosa tan clara en el pasado como inútil en el presente. La comunicación telefónica ha dejado de ser de casa a casa para pasar a ser de persona a persona. Los límites de la comunicación intergeneracional no están sujetos a la norma familiar. Ni las paredes de las casas ni los límites adultos parecen dominar los WhatsApp.

La impotencia se ha apoderado de los padres y estos no logran aún darse cuenta de que ellos son las apps (el programa, en términos digitales) más importantes en las vidas de sus hijos. La única manera de interrumpir ese flujo comunicativo es a través de la última de las penitencias de nuestra era: quitar el celular o, en su defecto, el wifi. Estas penitencias han evolucionado en los últimos años en una secuencia que se puede sintetizar así: primero fue «te quedás sin salir», después «te quedás sin tele», luego «te quedás sin Internet» y actualmente «te quedás sin celular».

Despegar hijos chicle

Sabemos que a esta generación de jóvenes les cuesta muchísimo más desconectarse, pero también despegarse de la casa paterna. Son los que podríamos denominar «hijos chicle». Parece que se despegan, pero finalmente no. Terminan volviendo una y otra vez al regazo familiar para regocijo de sus padres y, al mismo tiempo, desgracia de sus bolsillos. El nido nunca queda vacío, el síndrome se pospone indefinidamente.

La amenaza actual no proviene de los hijos que plantean irse, sino de los padres que desean echarlos. Cada tanto los hijos levantan vuelo, pero es un vuelo corto y, a su regreso, desde sus dormitorios tecnológicos e hiperconectados, estos integrantes de la nueva juventud se vinculan con el mundo. Compran, venden y hasta producen, pero a la hora de la comida y del lavado de ropa, la independencia se desploma. Game over. Start again. Vuelta al nido. A través de las distintas redes arman una identidad pulida y socialmente deseable, son maestros en el arte de la presentación online. No cualquier foto puede ser subida si no ha pasado por un filtro estético. En eso son muy cuidadosos.

Si bien la «vida está en otra parte», se accede a ella desde el dormitorio de la casa paterna y las dificultades que se presentan se resuelven con una desconexión o un WhatsApp a tiempo. Desde sus bunkers viven la vida no tan conectados como los famosos hikikomori japoneses, aquellos adolescentes célebres por recluirse en sus casas y frente a los cuales los padres quedan en suspenso, sin saber casi cómo actuar.

Esta situación tecnocultural actual antes descripta ha sido denominada síndrome de blade runner, el cual describe a los adolescentes como seres artificiales, escindidos entre la obediencia a los adultos y la voluntad de emanciparse. Creen tener el mundo a sus pies, manejan las tecnologías con gran destreza, pero al mismo tiempo la dependencia económica y la ausencia de responsabilidades asumidas los deja inmaduros, por lo que postergan decisiones claves para su autonomía. Cada vez esperan hasta más tarde para sacar la libreta de conducir y se observa un fuerte retraso en áreas claves como el acceso al trabajo y a la vivienda.

Esto es bien diferente al síndrome de Peter Pan al que estábamos acostumbrados, aquella incapacidad para dejar de ser niño. Se trata más bien de un avance de estadio, en todo caso de la niñez a la adolescencia, pero con la posterior incapacidad para dejar de ser adolescente. Quieren vivir la vida entera siendo adolescentes, algo soñado no solo por ellos, sino también por sus propios padres, también adolescentizados, aunque algo más arrugados que sus hijos.

¿Cómo llegamos a esta situación?

Cómo llegamos a esta mayor dependencia de los padres es una pregunta que muchos se hacen. «Les facilitamos todo». «Lo que no les resolvemos nosotros, lo hace una app», argumentan algunos progenitores. Es cierto, hoy parece haber una app para cada cosa, y si no aparece una disponible es porque alguien ha fallado y existe una oportunidad comercial ahí latente en espera de alguna persona capaz de desarrollarla. Pero si no hay una app a mano, siempre está la posibilidad de llamar a los «padres helicóptero», esos padres actuales que son capaces de los mayores logros en el arte de cuidar a sus hijos de los peligros del mundo. Acuden desde cualquier lugar, con la solución para ellos, y así perpetúan una relación de dependencia que no ayuda a ninguna de las partes a despegarse.

Este tipo de jóvenes se desacostumbraron desde pequeños a solucionar sus problemas de forma autónoma, a encontrar salidas a sus cuestiones. Luego, se vuelven «hijos chicle» que esperan que una app, sus padres o sus profesores les resuelvan los problemas cotidianos. Y si no, siempre esta Facebook o un grupo de WhatsApp que los haga olvidar que el mundo es más que una red social donde comentar la vida.

Niños y medios: una pareja complicada

No solo se trata de cuándo darles la primera pantalla, sino de cómo y para qué hacerlo. De esa manera abrí mi ponencia en Buenos Aires en el marco del Primer Simposio sobre Primera Infancia organizado por la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos). Cuándo es la pregunta habitual que se formulan los padres a la hora de pensar en tecnología móvil e infancia. A pesar de eso, los datos que se obtienen a la hora de encuestar sobre el nivel de uso de tecnología digital por parte de los chicos distan bastante de lo políticamente correcto y de lo que se expresa públicamente.

Los adultos en general manifiestan querer que sus hijos tengan «más barro y menos pantalla», como una fantasía de regreso al juego tradicional que no siempre se acompaña de las acciones que permitirían que eso suceda en sus vidas cotidianas. En general tienden a postergar lo más posible la entrega de dispositivos, con la idea de fondo de que son «malos padres» aquellos que sí los dan en los primeros años. Tienen la convicción de que la entrega de dispositivos es un viaje de ida, sin regreso ni posible control.

Tienen miedo, más que a la tecnología en sí misma, a no poder como padres regular los usos, poner límites adecuados y ofrecer alternativas válidas a las pantallas. Este es un tema que inclusive trasciende a la tecnología y tiene más que ver con la aceptación por parte de los padres de su debilidad en el tema puesta de límites. Quizás no se trate entonces tanto de cuándo entregar, sino de qué forma hacerlo, cautelosa, de a poco, con criterio y no en forma de canilla libre, que es lo que se observa, en general, sucede.

La pediatra Kabali, en un trabajo del año 2015 denominado «Exposición y uso de dispositivos móviles por niños pequeños», plantea que la mayor parte de los padres les permite a sus hijos jugar con dispositivos móviles (frecuentemente o a veces) para poder:

Hacer las tareas de la casa (70 %). Mantener al niño calmo en espacios públicos (65 %). Hacer mandados (58 %). Hacer dormir al niño (28 %).

Como podemos observar a partir de estos datos, el uso de los dispositivos muchas veces está puesto al servicio de los padres. El mundo digital se ofrece como compañía y sostén de los más pequeños. La tecnología llega para suplir la presencia de los padres, y eso, al mismo tiempo que entretiene a los chicos, les resulta conveniente a los adultos. El uso de los dispositivos móviles para ocupar a los niños pequeños durante las rutinas diarias, mandados, salidas en auto y comer afuera se ha vuelto una forma común de regulación de la conducta, lo que la industria denomina como: shut-up toy o «juguete para mantener al niño callado».

La academia y la tecnología

La academia siempre ha tenido una postura bastante crítica con respecto a las tecnologías incipientes. En 2011, la Academia Americana de Pediatría (AAP) reafirmó su declaración original de 1999 sobre infancia y medios dejando la recomendación esencialmente incambiada, declarando: «desaconsejamos el uso de medios por niños menores de dos años». Los medios digitales seguían siendo para la Pediatría dispositivos que no aportaban al desarrollo de los niños pequeños. Por eso, la misma AAP recomendó, en 2013, incluir dos nuevas preguntas en las revisiones de salud de todos los niños y adolescentes:

¿Cuántas horas de televisión, ordenador, teléfono móvil y videojuegos consume al día? ¿Tiene televisión u ordenador en su dormitorio?

Un par de años antes de eso entran las tablets con fuerza al mercado y todo comienza a cambiar. La llegada de las tablets generó nuevas cuestiones y alteró las formas de concebir el uso de la tecnología por parte de los niños. Los adultos ven cómo la tecnología touchscreen despierta un comportamiento instintivo en los niños que son parte de la llamada «generación touch», regida por el concepto de tocar «a ver qué pasa». Ensayo y error. El movimiento aparece como natural, al tiempo que las apps son las grandes vedettes de esta época. Inclusive hay en el mercado una variedad de apps que son realmente muy didácticas. Estas se adaptan al usuario, a su edad y posibilidades; el avance es progresivo, son claramente interactivas y reactivas a lo que el niño hace. Además generan atención compartida con padres que estén atentos a la actividad del niño. Estas y otras características llevaron a que en el año 2014, luego del análisis de la situación de estos nuevos dispositivos, el pediatra Dimitri A. Christakis señalara que «hay una fundamentación teórica para postular que las recomendaciones de la AAP en relación con los medios para niños menores de dos años no deberían ser aplicadas a estos nuevos medios». Debemos volver al comienzo. Aún no sabemos con certeza cómo influye esta nueva tecnología en los más pequeños. Deberemos esperar para evaluar con criterio la pareja niños-tecnología, ser cautos pero, a la vez, tener sentido común. Nada sencillo en el mundo de hoy, presto a las conclusiones rápidas sin el suficiente análisis.

Las tablets

Según la firma de análisis de mercado Gartner, solo en el año 2012 se estima que se descargaron 45 617 millones de aplicaciones para los diferentes sistemas operativos móviles. Esa cifra, ya de por sí enorme, se calculó que crecería a 309 000 millones en el año 2016. Sin embargo, esa cifra se triplicó y, en 2016, se descargaron aproximadamente 1387 millones de aplicaciones. Se trata de millones de aplicaciones para todo tipo de cosas que han impulsado a la masividad a las tablets y a la idea de implementar el uso de estas en centros educativos. La facilidad con la que los niños pequeños las manejan y el atractivo que generan sus pantallas son elementos determinantes en la elección de estos dispositivos para su uso educativo. Sus pantallas táctiles y sus aplicaciones son rápidamente recorridas y exploradas por los niños sin ningún tipo de temor. El movimiento de scroll parece en ellos un movimiento «natural», exploratorio. La motivación por el uso de los dispositivos en clase se descuenta estará presente en cualquier experiencia piloto que se implemente con ellos. A lo anterior, se agrega un tamaño y un peso (entre 600 y 700 gramos) sumamente adecuados para ser manipulados y transportados por niños pequeños, así como una batería de duración bastante prolongada. Las tablets han tenido muy buena acogida, especialmente en el segmento preescolar, tanto por los niños como por sus padres. Según un estudio de Nielsen, en las casas donde las tablets se encuentran disponibles, el 70 % de los niños las usan, una cifra que viene en franco aumento.

Características generales del uso de las tablets:

Manejo intuitivo del dispositivo. No requiere capacitación previa. Está al alcance de todas las edades, especialmente los más pequeños. Incluso ya se habla de «la generación del índice» para referirse a este aspecto. No requiere, para su uso efectivo, habilidades de lectoescritura, si bien estas permiten el uso de un mayor número de aplicaciones. El modo touch, como modo privilegiado de relacionarse con el mundo digital, sugiere exploración, algo particularmente atractivo y sugerente en la edad preescolar. Cabe aclarar que el modo predominante de uso es el visual y no el táctil, aunque se utilice el dedo para hacer el scroll en pantalla. La interactividad touch ofrece una experiencia enriquecida y novedosa de acceso e interacción con los contenidos, tanto educativos como lúdicos. El modo touch promueve la expresión gráfica de las ideas, no tanto las textuales. Resulta un buen dispositivo de lectura de los libros de la biblioteca.

Según un estudio de usabilidad realizado por Adesis Netlife, por encargo de Radio Televisión Española (RTVE) para evaluar su web infantil Clan, el 100 % de los niños participantes (entre 4 y 7 años) escogieron los dispositivos táctiles frente a los ...