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AMERICA LATINA. ENTRE TRUMP Y CHINA

Luis Alberto Lacalle

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Fragmento

Introducción

Refiriéndose al pasado siglo XX, el teólogo Karl Rahner señaló que este mostraba una gran «densidad histórica». Acertada descripción si pensamos que, por ejemplo, en materia bélica, desde la guerra de los Bóeres en 1903 a la del Golfo no hubo largos períodos de paz, sin contar los conflictos localizados o regionales ni las actividades guerrilleras en distintos continentes. La propia América del Sur padeció la cruenta guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia en 1934, y un conflicto armado entre Perú y Ecuador. Cabe agregar a la lista la guerra de las Malvinas entre Argentina y el Reino Unido. También se encuentra esa «densidad» en los adelantos tecnológicos, pues desde el albor de siglo, con el ferrocarril y los buques a vapor, llegaron los hombres a la luna y se inició la época de las tecnologías de la comunicación. Por otra parte, en materia internacional, la creación de un nutrido entramado de organizaciones políticas, sanitarias, financieras, comerciales se han constituido en una red que aporta seguridad a la humanidad. Seguramente de los siglos anteriores se podría señalar algún calendario de sucesos similarmente nutridos e importantes, pero el siglo XXI que vamos transitando agrega una novedad muy importante: los sucesos, noticias y comentarios en tiempo real, el empequeñecimiento del mundo en lo que se ha llamado globalización.

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El transcurso del pasado año 2016 trajo al mundo una secuencia de cambios de gran importancia, a partir de los cuales se desarrolla este trabajo.

En el actual mundo globalizado todo lo que ocurre afecta en cierta medida a todos. Algunos episodios políticos afectan más a la región de América Latina, y es a ellos que dedicaremos estas páginas, procurando extraer de los sucesos aludidos conclusiones sobre lo que nos puede deparar el futuro inmediato y aun el largo plazo de nuestra vida colectiva.

La muerte de Fidel Castro será tenida en cuenta como el episodio que marca el fin de su larga trayectoria como primera figura de la izquierda continental. Una izquierda que sin este caudillo esencial a su proyecto, y sin el presidente Chávez como su sustituto aparente, carece de figura emblemática y aun de modelo de inspiración para animar a sus huestes.

Por otro lado, la inesperada elección el presidente Donald Trump se ha convertido en la noticia más importante del año 2016 para el mundo entero. Es que se trata de un cambio sustancial en la política interior, especialmente en la económica de los EE. UU., y un viraje mayúsculo en su política exterior, que modifica todos los supuestos sobre los cuales el mundo se miraba a sí mismo hasta el momento. Por supuesto que dentro de ese cambio cae la realidad de nuestros países. Especialmente afectados resultan los de América del Norte y Central, a través de las nuevas y duras propuestas en materia de inmigración. A toda América Latina la afecta en principio el cambio respecto del comercio exterior, dado que el mercado norteamericano es el más rico del mundo, y meta ansiada para las exportaciones. Si esta nueva orientación se concreta en un repliegue, en un nuevo aislacionismo de los EE. UU., estamos ante un vacío de poder que alguien llenará.

Por fin, analizaremos el creciente rol de China en el ámbito mundial y especialmente en sus recientes avances en América Latina. Se trata de un jugador muy particular en el campo del poder, con una concepción del mismo que a los occidentales nos cuesta comprender.

En definitiva, vivimos un momento particularmente interesante y seguramente fértil. De la habilidad política de nuestros gobernantes dependerá el poder obtener de este escenario una ventaja para el mejor desarrollo de cada nación.

Creemos que un mundo bipolar no es una mala noticia para los países pequeños, ni para las cancillerías que tengan un sentido claro de la diplomacia y de los intereses nacionales respectivos.

¿Qué es un game change?

Esa expresión del idioma inglés define con claridad aquellos acontecimientos que inciden de tal manera en el escenario mundial o regional que «cambian el juego», modifican los equilibrios de poder o representan virajes de tal magnitud que vuelven obsoletos los anteriores esquemas de análisis y actuación. La caída del Muro de Berlín es el más claro ejemplo de ese tipo de acontecimientos, pues terminó con la división del mundo entre Occidente y la órbita soviética, que existía desde la Conferencia de Yalta, en 1945.

Durante el año 2016 se produjeron varios cambios de juego: la muerte de Fidel Castro, el Brexit y la elección de Donald Trump como presidente de los EE. UU.

La decisión de los votantes del Reino Unido ya ha comenzado a afectar la ecuación política y económica de la Unión Europea, con consecuencias que aún no se pueden apreciar en su totalidad y que implican que el sueño de un continente unido se desvanezca y todavía hace aparecer en el horizonte similares decisiones en otros países. El episodio incluso pone nuevamente en cuestión al propio Reino Unido, pues ha alentado nuevos empujes independentistas de Escocia.

La sorpresa del sistema norteamericano de elecciones resultó mayúscula. Alteró la relación de fuerzas entre los principales partidos, resultó un duro revés para las empresas que miden la opinión mediante encuestas y muestran un retrato tan legal como inquietante de una mayoría popular superada por la votación del Colegio Electoral. Los Estados Unidos «profundos», la «deep America» salió de su pasividad o indiferencia para cobrarle al establishment del este y a la prensa «liberal1» una vieja cuenta.

Con respecto a la muerte de Fidel Castro, se podría argumentar que no califica como cambio de juego, por cuanto responde a una ley natural de la vida. No obstante, hay que señalar que este hecho representa el fin de una época de medio siglo, dominada por la acción y la influencia de este personaje en el ámbito de la América toda, pues incidió tanto al sur del Río Grande como en la política exterior de los EE. UU. respecto de sus vecinos hemisféricos.

En estas páginas reflexionaremos acerca de las perspectivas políticas futuras en función de la visión que manifiesta el presidente Trump respecto del mundo y de sus vecinos del sur, y de la perceptible nueva política de la China respecto de los países de dicha región. Se trata de movimientos diplomáticos, políticos y comerciales de una gran dinámica, máxime teniendo en cuenta el régimen de trabajo elegido por el nuevo mandatario de los EE. UU., quien, cada día, mediante el uso permanente de las órdenes ejecutivas, marca rumbos nuevos a su país. Por el otro lado, el crepúsculo del socialismo de modelo latinoamericano es lento pero seguro. Si a ello agregamos la milenaria sabiduría de la China, para la cual el factor tiempo es diferente en su apreciación a la de Occidente, tenemos una triple acción que se proyecta sobre todo el mundo, sin que nuestra América Latina sea una excepción, más bien es una de las regiones que se puede ver afectada en mayor medida.

El fin del castrismo acompaña la decadencia de los países que siguieron sus enseñanzas instalando diversas formas de socialismo, aun después de la oportunidad que el comandante Chávez y sus millones dieron a esa forma de organización política. El socialismo del siglo XXI, que no llegó al poder mediante las armas ni la revolución, salvo en Cuba, sino aprovechando ―según lo planeado en el Foro de San Pablo― los sistemas de elecciones democráticas. Luego, ya en el gobierno, naufragó en el mar de sus contradicciones y su dependencia del dinero fácil y abundante. Lo que un momento de prosperidad y de buenos precios trajo se lo llevó la incapacidad de gestión y las insostenibles políticas de reparto de riqueza que no pueden sustituir al verdadero desarrollo. Las estructuras socioeconómicas anteriores permanecieron prácticamente intocadas, solo fue un socialismo de compartir, sin la ineludible reforma de los medios de producción que esa filosofía sugiere.

Si la administración Trump efectivamente opta por un retroceso de los EE. UU. en el escenario mundial, si esa potencia renuncia a su papel principal en el mundo, allí está la «nueva» China, alerta para continuar su avance en el escenario mundial. Son notorios el interés y las acciones concretas que en el campo político y comercial ha tenido la China actual respecto de América Latina. ¿Intentará la potencia emergente ocupar el eventual vacío que deje la política de prescindencia de la administración Trump?

¿Game change? ¡Vaya si lo puede haber! Este fascinante proceso recién comienza. Pretendemos señalar las grandes líneas de los acontecimientos recientes, sus vínculos históricos, con pruebas a la vista, como para preparar a nuestra parte del mundo para ese viraje o esa oportunidad. No busque el lector de estas páginas otra cosa que una interpretación de la historia, un análisis geopolítico y alguna sugerencia respecto del futuro, más que posible, probable.

La tendencia de la última posguerra fue la edificación de ...